EN LA GRILLA

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MALOVA EN LA UAS

*Levantó Vizcarra una polvareda con su declinación

*En medio de las dudas, el gobernador dijo “le creo”

*Estabilidad en la UAS; sólo la jubilación amenaza

 

FRANCISCO CHIQUETE

 

Como era de esperarse, las declaraciones de Jesús Vizcarra Calderón sobre su decisión de no volver a participar en política y por tanto no buscar la gubernatura sinaloense en el 2016, provocaron una verdadera polvareda en que la constante fue la duda, el rechazo a priori de que esa negativa haya sido real.

Todos, sobre todo los interesados en el regreso de Vizcarra, concluyeron que se trataba de una estrategia para evitar presiones; o una cortesía política para que el presidente no se sintiese obligado por los resultados tan evidentes de las encuestas tan adelantadas y para que además no se le siga considerando como el que va a la cabeza, y por tanto, el que debe ser bajado a peñascazos, si no queda otra alternativa. Peñascazos políticos, por supuesto, no se entienda otra cosa ni mucho menos se tome como incitación a la violencia.

Alguno más elaborado llegó a la conclusión de que Vizcarra no quiso ser considerado como estorbo para algún proyecto desarrollado o consentido en Los Pinos, de modo que se declaró fuera para dejar el campo libre a David López o a Heriberto Galindo, por si fuese la intención presidencial sacarlos adelante, con la opción de que si al final no dieron, no se les acomodaron las circunstancias, o pasó algo en el país que exigiese otro tipo de decisiones, y las encuestas siguieron insistiendo, pues ahí está la posibilidad de decir que siempre sí.

Y como esas muchas, casi todas respaldadas en la experiencia que se vivió con Andrés Manuel López Obrador y su famoso “a mí que me den por muerto”.

Por supuesto hubo en las redes sociales quienes se fueron directo al grano y sentenciaron que “cuando un político dice que no, es que sí”.

Tampoco faltaron los enterados, que se dieron el gusto de platicar los acontecimientos de una reunión en que un grupo importante de empresarios de la capital del estado se acercó a Vizcarra para pedirle que ya de una vez definiera lo que iba a hacer, e incluso para exigirle que reviviese el proyecto que quedó trunco tras la derrota electoral del 2010.

El argumento central era la preocupante caída de los niveles de la economía sinaloense, en la que por supuesto, todo mundo se cuidó de no señalar culpas o procedencias. Simplemente querían garantizar que la gubernatura estuviese en manos de alguien cercano al poder central y con experiencia empresarial, para buscar el mejor modo de enderezar la nave.

Vizcarra, cuentas, escuchó cortés, atento, sólo negando con la cabeza cuando el expositor era más enfático en su tarea de convencimiento.

Al final les dijo que no, que él está trabajando en lo suyo, que trae proyectos muy importantes para satisfacer tanto las necesidades y expectativas de crecimiento de sus negocios, como para cubrir el aspecto social a través de Salud Digna, los servicios médicos de bajo costo que presta a través de una cadena de pequeñas clínicas de medicina ambulatoria.

Como última carta, los empresarios o algunos de los empresarios le preguntaron: -¿y si te lo pide el presidente?

-Ustedes que son mis amigos, ayúdenme a que no me lo pida”, fue la respuesta.

SÓLO UNA PERSONA DECLARÓ

PÚBLICAMENTE QUE SÍ LE CREE

Por supuesto que una vez conocidas las declaraciones de Vizcarra, los compañeros reporteros fueron a buscar reacciones significativas sobre el tema y quién mejor que el gobernador Mario López Valdez, contrincante de Vizcarra en la contienda electoral, y vencedor del cotejo.

-Yo sí le creo, respondió Malova.

No tiene por qué engañar a la gente ni decir mentiras, yo creo que si dice que no va a buscar la gubernatura, es porque no lo va a hacer.

Desde la elección, que no sólo fue reñida, sino disputada con todo tipo de recursos, uno de los asuntos que causa más curiosidad es el trato que puedan darse ambos personajes. Malova no fue reservado en ese sentido. Confirmó que han tenido encuentros ocasionales en los que simplemente han intercambiado saludos y alguna pregunta incidental sobre cómo has estado, qué haces, cómo van tus negocios. Admite que la campaña fue tan dura, la competencia tan ríspida, que no hubo margen para que quedaran de amigos, pero ello tampoco implica una situación de enfrentamiento.

Con la madurez del tiempo, el gobernador prefiere echarle tierra a las tensiones del pasado e insiste en que no tiene ningún  motivo para dudar de la declaración hecha por Vizcarra. Si dice que no va a hacer política es porque así lo ha decidido. Es alguien que tiene mucha ocupación con sus negocios, dijo e incluso celebró el hecho de que no abandona el estado. Declina a una posibilidad, pero no se va de Sinaloa, sigue trabajando para que se engrandezca la entidad, cerró.

Por supuesto que al gobernador del estado no le estaría decir otra cosa. Ni alegrarse de que se diluya la posibilidad de ser sucedido por quien fue un rival enconado, ni mucho menos fingir que le pesa la reducción o eliminación de esa posibilidad, pues en el fondo un enfrentamiento como ese deja huellas, muchas huellas que a uno y a otro les han dolido durante mucho tiempo y que les van a seguir doliendo, aunque ya hayan superado esa etapa.

PRIMER INFORME DEL RCTOR

JUAN EULOGIO GUERRA LIERA

Nadie puede negar el dinamismo que ha alcanzado la Universidad Autónoma de Sinaloa, ni tampoco la normalización de sus relaciones con los representantes del poder público. Ya ni es noticia que el gobernador del estado esté en este tipo de eventos, ni que la SEP envíe a representantes de buen nivel, ni mucho menos que circulen entre todos ellos los elogios y reconocimientos a la labor desempeñada.

Aun quienes critican los acontecimientos políticos dentro de la UAS, reconocen que ha habido cambios importantes, avances que parecían impensados y proyectos que cimientan las bases para continuar con el desarrollo.

En cambio no se ha podido avanzar con firmeza en la obtención de un trato económico más justo para la casa de estudios sinaloense. Parece que su camino de mejoría académica, de institucionalización de su vida interna y administrativa, no son suficientes para convencer a una burocracia educativa que hoy no ve con simpatía la masificación de las universidades, y mucho menos la política francamente expansiva que la UAS ha desarrollado en un estado en que la demanda de atención por los jóvenes sin recursos, sólo ha encontrado eco en ese lugar.

No se puede soslayar, por supuesto, la situación política. El grupo en el poder se encuentra muy consolidado, sin un solo espacio discutido, en una administración prácticamente monolítica que vino a sustituir a la pluralidad izquierdista con que estaban repartidos –aviesamente, con frecuencia- los espacios y los recursos.

Si vemos el aspecto formal de la Universidad, es de éxitos inobjetables. Las sonrisas del rector y sus colaboradores, amplias y radiantes, las del gobernador Mario López Valdez, que va a una institución que pese a la politización de su clase dirigente le reconoce méritos y lo recibe con gusto; las de los invitados especiales y asistentes en general, miembros del grupo gobernante, hacen olvidar que una vez existieron tiempos de enfrentamientos feroces, de combates mutuos que muchas veces llegaron hasta el crimen en tiempos de los que todavía hay muchos sobrevivientes.

Pese a los constantes apremios con el financiamiento, el principal problema de la UAS no está ahí. Hay una amenaza fuerte, importante, que podría generar inestabilidad en el mediano plazo: el jaloneo en torno a la jubilación dinámica de que ahora gozan los trabajadores universitarios, pero que en unos cuantos años podría convertirse en una quimera.

Esta jubilación permite al trabajador recibir el salario actualizado para el puesto que desempeñó o la categoría que alcanzó. Como generosidad adicional, quien se jubila y recibe ese pago directamente de la UAS, puede recibir además la jubilación que le corresponde en el Instituto Mexicano del Seguro Social, lo que se convierte en una doble jubilación.

El problema es que esa prestación, que tienen varias universidades del país, no es reconocida por el gobierno federal, que cada vez restringe más los recursos y acota las capacidades de maniobra, de modo que cada día es más difícil seguir financiando la nómina de jubilados con otras partidas que recibe la institución.

Por ello fue que en tiempos de Héctor Melesio Cuen, siguiendo el ejemplo de algunas instituciones federales, se creó un fideicomiso con aportaciones de trabajadores y de la Universidad que buscarían el empate de recursos estatales y federales, conjunto que financiaría la jubilación dinámica y de paso garantizaría su sobrevivencia.

Pero un grupo de jubilados, liderados por quienes fueron desplazados del poder, encontró que por ahí podían combatir al grupo en el poder, encabezado por Héctor Melesio Cuen Ojeda, y con formalismos legales obtuvo un amparo que obliga a la UAS a devolver las retenciones hechas para aportar al fideicomiso.

Quienes encabezan sostienen que defienden los derechos de los trabajadores, cuando en realidad están golpeando políticamente al cuenismo, sin ver que en el fondo lo que hacen es poner en riesgo su propio interés de la jubilación dinámica, que sin la muleta del fideicomiso terminará por ser presa fácil de las políticas que desde hace tiempo acechan desde el gobierno federal.

Por supuesto, si un día se acaba esa prestación, la paz pública que vive la UAS estará en severo peligro, lo que motiva a los enemigos del grupo en el poder, aún a costa de los derechos ya alcanzados.