EN LA GRILLA

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JUAN GUERRA OCHOA

*No exageren, dice Juan Guerra con lo del frijol

*Felton se faja ante violaciones a los reglamentos

*La controvertida unidad de los priístas mazatlecos

 

FRANCISCO CHIQUETE

 

No hay que exagerar, replicó Juan Nicasio Guerra cuando le describimos el triste panorama de los productores de granos en Sinaloa, especialmente los casos de los frijoleros, a quienes les fijaron precios infames, no les pagaron y encima los acopiadores ya están vendiendo las cosechas del otro lado de la frontera norte.

-No hay que exagerar. Tuvimos una temporada muy mala con los precios, pero por lo menos conseguimos que no se desplomaran, que no se fueran al suelo como ocurrió en 2010, cuando les pagaron a seis pesos el kilo de frijol, hoy por lo menos aunque los precios son bajos, no se fueron por los suelos y eso es parte de lo que hemos hecho, de los esfuerzos que hemos realizado, dijo con un hondo sentido de satisfacción que se reflejaba en el tono retador de su voz transmitida por todo el centro-norte y norte del estado, y que llegaba directamente a miles de productores.

-Pues no puede ser un consuelo esa diferencia si no les pagaron las cosechas.

-No les han pagado a algunos, pero les van a pagar, no hay que exagerar las cosas.

Guerra Ochoa no admite ni por asomo que su papel al frente de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del gobierno del estado merezca una sombra de reproche.

Enumera logros y más logros que van del campo a la pesca, a la acuacultura y aunque usted no lo crea, a la comercialización de los productos. Reivindica los resultados de su gestión, considera que ha valido la pena que un hombre de izquierda esté al frente de la dependencia porque ello ha permitido que se avance en temas que antes no habían sido tocados.

Si la autocrítica estaba establecida en las prácticas del desaparecido Partido Comunista, al que perteneció Guerra Ochoa siguiendo una tradición acendrada en su familia, al hoy secretario de despacho no le quedó ni un ápice. Su recuento es positivo y si los entrevistadores no fuesen tan insistentes en abordar los que usualmente se consideran problemas frecuentes del campo, el recuento podría ser hasta gozoso.

No importa que en los tiempos de su administración el valor de la producción agrícola haya pasado a ser el segundo en importancia, acabando con una tradición de muchos años en que era la principal actividad del estado. Al fin que siempre habrá un elemento de peso como el cambio climático para echarle la culpa. Total, por heladas, sequías y ciclones no paramos.

Es cierto que los ha habido, pero el hecho es que los ha habido siempre y a pesar de ellos la actividad agropecuaria era la principal en la economía del estado (y eso que no tenía sectorialmente asignada a la pesca). No importa que el turismo, hoy convertido en el primer aportante a la riqueza sinaloense, haya visto en otros tiempos mejores épocas, cuando el aeropuerto de Mazatlán recibía a tantos turistas, que era el tercero del país en número de vuelos, mientras que hoy apenas si pinta en las estadísticas regionales, con todo y el repunte que ha sacado a flote a Mazatlán.

No hay que exagerar, recomienda Juan Nicasio. Habrá que convencer a los productores. A los frijoleros, a los garbanceros, a los que sembraron sorgo, convencidos todos ellos por la propia SAGYP de que esa era la alternativa para no abaratar más al maíz con una sobreproducción que terminara por ayudar a reducir los valores ya de por sí infames que ordena la Bola de Granos de Chicago, nuestro nuevo faro guía.

Así de exagerados, algunos productores que me hacen el favor de contactarse conmigo en Facebook, empezaron a postear mensajes apenas transmitida la entrevista en Guardianes de la Noche. De haberlos leído, Juan Nicasio Guerra habría ratificado su obvio convencimiento: no cabe duda que la gente no sabe de política de altos vuelos, ni siquiera cuando se le beneficia.

SE NECESITAN MUCHOS

PANTALONES PARA HACERLO

A fines del año pasado hubo un movimiento de opinión pública que alertaba contra una más de las irregularidades que se cometen en la ciudad. El jardín de las islas ubicadas en la confluencia de Avenida del Mar e Insurgentes estaba siendo desecho. Las añosas palmeras que resistieron ciclones y sequías, dando un ambiente paradisiaco a esa parte de Mazatlán, fueron echadas abajo y la zona se repobló con arbustos que no estarían mal para una zona en que no se hubiese tenido vegetación, pero que ahí resultaban un intercambio desventajoso.

En realidad la reingeniería del paisaje era sólo una parte del proyecto general, que se completaba con un edificio reconstruido sobre espacio público, sin respetar las restricciones determinadas para la zona, y en una de cuyas fachadas iría una enorme pantalla destinada a explotar comercialmente la publicidad.

No era la primera vez que ocurría. Cuando a la misma empresa se le autorizó la construcción y concesión comercial de varios puentes peatonales, otras palmeras y árboles (aquellas plantadas en la primera mitad e los ochenta, los otros surgidos ahí desde décadas anteriores), fueron derribadas también a la altura de la Ley vieja y de la Clínica Hospital del IMSS. Se trataba de que no estorbaran la vista de los anuncios con que sería vestido y financiado cada puente.

Tan obvios fueron los favores y el disimulo de las administraciones municipales, que muy pronto se empezó a hablar de sociedades vergonzantes con un alcalde repetidor, aunque nadie aportó un solo elemento de probanza. Seguramente que no hay tal, aunque ello no evitó versiones sobre pagos de favores, especialmente en campañas políticas.

Sólo eso podía evitar una complacencia tan obvia como la que se dio en el caso de Avenida del Mar e Insurgentes. Los Colegios de Arquitectos entre otras agrupaciones, hicieron denuncias, pusieron quejas, llamamientos. Hubo opiniones en medios informativos, condenas generalizadas y exigencias de que se aplicara la ley, sin que algo de eso hubiese conmovido a la autoridad en turno. Terminó el periodo y al cambio de gobierno la empresa siguió sus obras y su equipamiento con la tranquilidad der quien no ha sido cuestionado.

Sin embargo, al aparecer la pantalla gigante, las críticas volvieron a arreciar y se revivió el caso, con un resultado increíble: la autoridad municipal dio entrada a las quejas y advirtió que se corregirían los asuntos en cuestión. No hay un precedente de esa naturaleza. El propio alcalde Carlos Felton estableció que en la administración anterior (de su propio partido, de Alejandro Higuera) se permitieron eras irregularidades, pero que ya no ocurriría más.

Es una decisión difícil para la que se necesitan muchos pantalones, hay que reconocérselo a Felton, sobre todo porque habló no sólo de retirar la pantalla, que debe ser un elemento económico importantísimo para ese negocio, sino que además advirtió que también habría que destruir la parte de la construcción en que se comieron la restricción reglamentaria.

Ha habido quienes como el dirigente hotelero José Ramón Manguart exigen que se respete la vocación del área cuidando que no haya ningún distractor que compita con el paisaje natural. Es una argumentación más sentida que jurídica, pues a fin de cuentas contra la belleza del mar y lo imponente de nuestra ensenada principal no compite nadie, mucho menos una sucesión de anuncios televisivos. Basta con invocar la aplicación de la ley, y nada más debiera ser necesario. Contra la ley tampoco debiera competir nada, ni siquiera los intereses particulares.

Pero ya aprovechando el raite y la disposición, hay otra pantalla, distractora por cierto en uno de los puntos viales más conflictivos de la ciudad por la carga vehicular que maneja: la confluencia de Avenida del Mar y Rafael Buelna. Aunque está en terrenos privados, violenta por igual el reglamento de publicidad en espectaculares que rige para la zona turística.

Habida cuenta de los intereses que representa esta otra empresa en cuestión, siempre amiga de los candidatos y de los partidos –todos, o casi todos- ¿alcanzarán los pantalones para llegar hasta allá?

LA REUNIÓN DE LA UNIDAD

La dirigente estatal del PRI, Martha Tamayo, echa a andar hoy su ambicioso propósito de unificar al PRI mazatleco. Es una tarea ardua, de resultados inciertos por los muchos años de enfrentamiento que hay entre los actores políticos y sus grupos, por el pesado historial de abandonos, indiferencia en el mejor de los casos, y traiciones en no pocas oportunidades, pese a que la marca PRI iba en juego.

Hoy estarían reunidas las cabezas de los doce grupos que Martha Tamayo identificó dentro del PRI. Que acudan todos no significa necesariamente que se haya construido la unidad, pero es un paso inicial que pudiera terminar, en todo caso, generando un ambiente de civilidad entre los enfrentados, lo cual ya sería ganancia.

Habrá que verlo. Por lo pronto en las redes ya empezaron a surgir reclamos.

Javier Calderón, por ejemplo, dice que “La mejor muestra de Unidad que se puede dar en el PRI Mazatlán, es ir a un proceso abierto para la elección de la dirigencia del Comité Municipal, y quienes no logren ganar en este proceso se sumen a apoyar a quien Gane La Presidencia. ¡Esa es una muestra de Unidad y de Madurez Política!.
“Nadie tiene porque renunciar a sus aspiraciones, no teman a un proceso democrático“.

Luego consigue una serie de comentarios que van desde el “no renuncio” de uno de los aspirantes que por cierto clama por respeto a la militancia, aunque haya una historia personal muy reciente, hasta la exigencia de espacios para los jóvenes y la propuesta de quitarle el mango al sartén y echar ahí a todos los aspirantes, para que los electores se decidan por el menos quemado.

La primera pregunta en todo esto es ¿se sumarán al ganador aquellos que no ganen? De ahí han venido las divisiones y subdivisiones. La segunda ¿apertura hasta para los que han trabajado contra los candidatos de su propio partido, incluso en la elección más reciente?

No la tienen fácil los priístas. Su historia es muy compleja.