EN LA GRILLA

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GÓMER MONÁRREZ LARA

*¿Qué han hecho las mujeres políticas por las mujeres?

*Ahora quieren hacerle su apartadito legal a los jóvenes

*Registro panista entre pitos y flautas; incompleto el PRI

 

FRANCISCO CHIQUETE

 

Con pretensiones reivindicatorias, diversos actores políticos han tomado como centro de su personal oferta preelectoral una sectorización, o mejor dicho, una organización en bandos de las posiciones derivadas del voto popular.

Así, más para atraerse a las mujeres como clientela que para buscar una solución a su marginación, los partidos y sus cuadros se han lanzado hasta conquistar una división de cincuenta-cincuenta en las candidaturas locales y federales. La mujer ya puede estar tranquila: ya tendrá a representantes femeninas en la mitad de los congresos, por lo menos.

Pero ¿realmente eso reivindica a la mujer? ¿Cuántas de las mujeres que ejercen profesionalmente la política tienen como centro de su intención el combate a la marginación de la mujer, a las injusticias que la sociedad o sus elites generan contra todos por junto, pero que acentúan más en sus mujeres.

¿Cuál gobernadora, por ejemplo, tuvo una política de género, más allá de la enunciación discursiva? Y hay que ver que en la breve lista de mujeres que han alcanzado una gubernatura hay verdaderas chuchas cuereras, todas ellas inteligentes, todas ellas militantes del discurso femenino, desde doña Griselda Álvarez Ponce de León, una poetisa, una mujer de altos vuelos en la cultura y en el humanismo que sin embargo, con toda su dulzura y exquisitez, fue una versión femenina de los gobernadores tradicionales, de modo que Colima no da testimonio de cambios tras la etapa inaugural que se vivió en la alternancia de géneros.

Inteligencia no le faltó a Beatriz Paredes, ni formación. Primera mujer que respondió un informe presidencial, fue secretaria de estado, dirigió a su partido y conoció de cerca las necesidades de las mujeres, pero su paso por el palacio de gobierno en Tlaxcala apunta igual que como pasó Emilio Sánchez Piedras o Tulio Hernández Gómez.

Y lo mismo puede decirse de Dulce Marías Saurí Riancho, de Yucatán, pero con menos luces.

Nadie tan feminista como Rosario Robles Berlanga, pero como jefa de gobierno perredista en la capital del país se dedicó a hacer política, con un punto luminoso: la Ley Robles, que abrió la puerta a la interrupción voluntaria del embarazo, la tan combatida “ley abortiva”, que polémica y todo, ha salvado la vida de muchos miles de mujeres, generalmente pobres, que sin ley y a escondidas, de todos modos abortaban en condiciones deplorables y altamente riesgosas.

Doña Amalia García, primera gobernadora izquierdista que llegó por la vía electoral, terminó su periodo en fuertes polémicas y sin dejar una sola huella de cambio en la vida de la mujer zacatecana, lo mismo que en la actual estrella priísta, Ivonne Ortega, cuyo mayor logro fue haber alcanzado a hacer que ganara un priísta como su sucesor, hombre por supuesto.

No viene este larguísimo recuento por la travesura de doña Claudia Ruiz Massieu Salinas, quien vino a Sinaloa a dar una conferencia sobre mujeres, invitada por Diva Hadamira Gastélum Bajo, la senadora que aspira a ser candidata a gobernadora, y que se vio destapada por la sobrina del presidente innombrable.

Ella ya fue presidenta municipal de su tierra ¿no? dijo denotando su absoluta ignorancia (que tampoco tenía porqué saberlo realmente). Cuando le aclararon que no, salió del paso con una expresión coloquial –Pues que se lo brinque ¿no? Por supuesto, se refería a la gubernatura que empezará a definirse dentro de dos años.

De eso quisiera su limosna doña Diva Hadamira, quien por supuesto, debe haber escuchado campanas de gloria cuando una secretaria de estado vino a alborotar la bitachera, aunque sólo le dé cinco minutos de gloria en una carrera que va a ser de fondo y para la que se necesita mucho más gas del que pueda generar una ocurrencia o una calentura de género.

AHORA VA CON

LOS JÓVENES

Después que prendió el cincuenta-cincuenta a favor de las mujeres, otros han visto sus propios filones, en busca de la popularidad que les dé mercado electoral y cierto sentido de trascendencia, aunque sólo sea para tener una cosa de qué disponer para hacer cuentas sobre lo hecho o sobre los intentos hechos.

Esta vez se trata de Gómer Monárrez Lara, quien insiste en mantenerse protegido en el ghetto juvenil y hacia él se dirige con la oferta de dos iniciativas de ley, una para que el treinta por ciento de las candidaturas sean para jóvenes; y otra para que un treinta por ciento de los puestos de gobierno sean también para jóvenes.

Son dos enunciados irreprochables. ¿Quién puede estar contra la apertura de espacios a los jóvenes? Esta es una de las capas mayores de la población y también una de las que más apoyos requieren, aunque si ampliamos la óptica, nos preguntaremos si de veras un treinta por ciento de candidaturas para los jóvenes y eventualmente un treinta por ciento más de legisladores jóvenes harían la diferencia, cuando los muchachos de todos los partidos llevan una formación política muy similar a la de los adultos.

Quizá sea algo más amplio lo de un treinta por ciento de puestos, pero aún así, en el fondo se trata de una iniciativa que va dirigida a las élites de las organizaciones partidistas, en todo caso a las dedicadas a captar cuadros jóvenes, pero eso no resuelve los graves problemas de la juventud.

Por lo demás, si el filón de la sectorización sigue explotándose, pronto saldrá alguien a reivindicar a los adultos, o a los adultos mayores, o a los de la mediana edad, o quizá a los ciudadanos de preferencias alternativas, hasta que las cuotas de todo tipo acaben generando a las nóminas de candidatos, lo mismo que hicieron los divorcios con un magnífico compañero de redacción que se separó de su primer matrimonio y fue condenado a ceder el cincuenta por ciento de su salario como pensión alimenticia. Hombre consciente, determinó que de por sí su salario era muy bajo como para dividirlo. –Que le den el cien por ciento, instruyó al área de personal del periódico. Pero después vino una segunda separación y el juzgado de lo familiar, indiferente ante los antecedentes, ordenó una nueva asignación alimentaria, esta vez del treinta por ciento.

Así, la nómina del compañero tenía ya una merma del 130 por ciento, a la que había que sumar el veinte por ciento de Infonavit, la cuota sindical y la aportación a la caja de ahorros. Los aboneros semanales tenían que hacer su gestión personal.

Así terminará el asunto de las candidaturas, si prosperan las nuevas banderas de los políticos.

Dos partidos políticos llevaron a registrar ayer sus planillas. Uno llegó con banda, como en los viejos tiempos de la política, en que la “tambora agreste y ranchera” encabezaba las manifestaciones. El otro, como ocurría con algunos en los  viejos tiempos, llegó calladito, discreto, con su planilla incompleta, esperando que en el transcurso de la noche se concretaran sus amarres para alcanzar a completar el listado.

Si usted es un lector que guarda los estereotipos, habrá pensado que fue el PRI quien llegó con el triunfalismo de la música de viento, mientras el blanquiazul tendría que haber sido el callado y modesto. Pero fue al revés.

Acción Nacional, con el dirigente local Arturo García Canizales a la cabeza llegó no sólo enfiestado, sino además quejoso, acusando a la diputada Francisca Corrales Corrales de andar regalando cobijas a cambio de la promesa del voto, o incluso con ofertas de vivienda o algo así. No traigo pruebas, pero pregúntenles ustedes a nuestros candidatos, todos lo saben, dijo.

Yo no lo dudo. No hay funcionario público que no pida algo a cambio del regalo o ayuda que lleven, y sobre todo en los casos de los diputados, que al no estar limitados para rendir cuentas de los recursos que manejan, como sí lo están quienes están en un poder ejecutivo, sea federal, estatal o municipal.

Pero ofrecer como prueba los dichos de los candidatos del partido que es rival del acusado, resulta no sólo insuficiente, sino infantil.

Pero de ridículo a ridículo, ahí tiene usted al PRI, que no conseguía aún candidato nada menos que a la sindicatura de Villa Unión, la joya de la corona en esta elección. Tenía aspirantes por supuesto, pero no un candidato que le permita por lo menos aspirar a una contienda decorosa, sin las divisiones y subdivisiones que se ciernen sobre la planilla rural de este trienio.