EN LA GRILLA

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EDIFICIO MIRAMAR

*Una nueva simulación con operativos

*Se les olvidó dejar vigilancia en el lugar

*Las reacciones y la falta de reacciones

 

FRANCISCO CHIQUETE

 

De tanto en tanto, el gobierno mexicano, cualquiera que sea su procedencia partidista, incurre en barbaridades que hacen ver el uso personal del poder, de los recursos nacionales y hasta de la imagen de la justicia. Ayer ocurrió de nuevo con el periodista Carlos Loret de Mola, a quien le armaron un escenario bélico para que ambientara la detención en Mazatlán de Joaquín Guzmán Loera, el famoso Chapo Guzmán.

En diciembre del 2005, los secuestradores Israel Vallarta y Florence Casez fueron detenidos en el rancho de aquel, pero al día siguiente fueron llevados de nuevo al lugar de los hechos para que las cámaras de la televisión captaran el operativo como si estuviese ocurriendo en esos momentos. Por cierto uno de los más entusiastas del montaje fue Carlos Loret de Mola, quien destacó hasta le infinito las capacidades de la secretaría que entonces conducía Genaro García Luna, quien salió a nivel nacional presumiendo las grandes capacidades de sus muchachos.

En septiembre del año pasado, la conductora Laura Bozzo se disfrazó de rescatista y utilizó equipo de rescate del Estado de México para simular que ayudaba a damnificados del estado de Guerrero, que habían sido víctimas de un ciclón. El programa de la peruana pasó las escenas en que fingía sacar gente del lodo, cuando su visita se produjo días después del momento crítico.

Hace unos siete años, los noticieros de las dos televisoras nacionales pudieron captar la toma de terrenos sembrados con mariguanas en el valle de Elota, Sinaloa. Un espectacular despliegue de paracaidistas que cayeron del cielo echando mano inmediata a sus fusiles para repeler un ataque de los narcotraficantes. No lo podía haber. Los camarógrafos habían llegado tranquilamente por tierra, a un municipio que tiene dos carreteras y estación ferroviaria, así como varias pistas aéreas para naves fumigadoras. Lo de los paracaidistas fue un verdadero exceso, un montaje para que las televisoras tuviesen su show.

El montaje de Florence Casez costó al país la libertad de una mujer que ya había sido sentenciada a sesenta años de prisión, amparada en la figura del debido proceso. El caso de Laura Bozzo provocó un furibundo debate nacional sobre este tipo de uso de los recursos y el engaño a la sociedad mexicana.

A pesar de esto, la Secretaría de Marina armó un nuevo operativo en el lugar donde fue detenido el Chapo Guzmán. El sitio quedó abandonado después de la detención, a tal punto que los reporteros locales pudieron empujar la puerta, pasar y tomar imágenes por todos los rincones del departamento. Es decir, no había ni la vigilancia más elemental.

A pesar de eso, pasada la una y media de la tarde del domingo volvieron los marinos, tomaron la Avenida del Mar con un convoy de camionetas que con toda espectacularidad impuso su presencia. De ahí bajó, no un  perito, no un agente del Ministerio Público Federal, no un notario o algo parecido. Salió el periodista de Televisa, Carlos Loret de Mola, quien consiguió imágenes de los marinos fuertemente armados custodiando la entrada al edificio, haciendo una especie de valla hasta donde Guzmán Loera estaba escondido la madrugada del sábado y fue capturado sin tiros, sin estridencias por otro comando, éste sí real.

La acción de ayer por supuesto, hizo que la gente que pasaba se detuviera expectante, pensando que había una secuela de la detención, quizá que habría más cómplices en otros departamentos, que se hubiese descubierto algún túnel o algo emocionante, pero no, era sólo para hacerle marco a una “nota de color” sobre el sitio de la detención, que de ocurrir en día hábil, habría dado al noticiero un impacto increíble, pero como ocurrió en domingo, los dejó borrados mientras otros personajes de la telera concentraban los méritos. Fue una especie de compensación.

Loret todavía alcanzó a posar para las personas que lo reconocían y a responder algunas preguntas de los periodistas locales, a quienes les dijo que ¡no sabía por qué la Secretaría de Marina movilizó el convoy y montó una vigilancia donde no la había!

Es la historia de una conducta reiterada, de una lección no aprendida, independientemente de que ya se haya ido Genaro García Luna o de que no se trate del Estado de México, o de que la Secretaría de Marina se hubiese conservado como una de las instituciones más serias. Igual se prestó al show.

Es importante dar a la sociedad elementos de confianza para que supere el natural sospechosismo en que vivimos, pero este caso tiene tant difusión, que estos adornos no hacen sino estorbar a la credibilidad.

PEQUEÑOS PRIETITOS

EN EL ARROZ OPERTIVO

Con mucha frecuencia se critica a las fuerzas armadas por no estar preparadas para desempeñar tareas de investigación, sobre todo en el área de los derechos humanos. Por fortuna cada vez son más los casos como éste del Chapo Guzmán, en que no hay quejas por maltrato a las personas, lo que no significa que sea innecesario el regreso de las corporaciones policiacas, cuando éstas estén listas y por supuesto, sean confiables.

Nadie puede discutir la capacidad y efectividad de la Marina en estos operativos en torno al Chapo Guzmán. De Tijuana a Culiacán y luego a Mazatlán, se aplicaron golpes de precisión. Se consiguieron detalles muy importantes que alimentaron la investigación hasta dar con el hombre más buscado del mundo.

En la madrugada del sábado, los infantes llegaron, rodearon, entraron y sin disparar un solo tiro se llevaron a Guzmán. Ese era su objetivo y así lo hicieron, cumpliendo eficazmente la orden. Lo hicieron y se fueron, como pidió Vicente Fox: “comes y te vas”.

Se les olvidó el lugar de los hechos. No hubo una guardia para evitar el saqueo del departamento, no hubo vigilancia para evitar la alteración del escenario. Los reporteros pasaron y vieron, filmaron, retrataron. La Marina volvió después por un chaleco antibalas y dos cargadores de cuerno de chivo, mientras ejercía de anfitriona de Loret de Mola.

Por supuesto que lo menos prudente era que se avisara a las autoridades locales del operativo a realizar, pero que no se haya pedido ni siquiera la colaboración de las policías para poner un guardia en la puerta implica o un desinterés por los detalles de una investigación que se supone puede dar para más, o una incapacidad para ir más allá de la captura que les encargaron.

REACCIONES DE DULCE,

DE CHILE Y DE MANTECA

Estaba cantado lo que diría Andrés Manuel López Obrador: es una cortina de humo, un circo mediático para fortalecer la imagen de Peña Nieto. Antes que él por supuesto, lo dijeron decenas y decenas e lopezobradoristas de militancia o de empatía. Fue lo más socorrido.

Por supuesto que también hubo quienes dijeron que era una captura arreglada y hasta los que denunciaron una farsa con un ciudadano inocente. Hay quien piensa que el Chapo saldrá en libertad un poco más adelante y hasta que mantendrá el control de sus negocios desde la cárcel, incluso si es la de más alta seguridad que exista en el país.

Han sido muchos los motivos para que la sociedad mexicana sea desconfiada, para que considere que otra vez la están engañando o que al menos la utilizan.

Lo que se entiende, por otra parte, es el silencio de las autoridades locales. No ha habido un solo representante gubernamental, de ninguno de los niveles que operan en el estado (ni siquiera los federales) que haya establecido una posición respecto del caso. No es para menos. Sinaloa es un estado en que las implicaciones y cadenas son múltiples y variadas, y por ello las sensibilidades que pueden afectarse con la opinión más elemental, podrían resultar hasta peligrosas no sólo en el carácter personal, sino en la estabilidad del estado.

Por lo demás, el hecho hizo temer que Mazatlán recibiese una mala publicidad, pues el nombre de nuestra ciudad ha aparecido en todos los momentos ligado a la captura del Chapo. Sin embargo, el público local y foráneo tomó el asunto como un elemento atractivo. No han faltado los medios nacionales e internacionales que destaquen al punto como un lugar de atracción turística. ¿Cuántos vendrán al carnaval nomás para tomarse la foto en el edificio Miramar? ¿Cuándo nos quitaremos el fetichismo del narco?