EN LA GRILLA

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Maribel Chollet

*Relevos municipales en el PRI y en el PAN

*La unidad a que llama Edgardo Burgos M

*La conformación del equipo en Conalep

 

FRANCISCO CHIQUETE

 

Arturo García Canizales llegó por fin este viernes a la dirigencia local del PAN, luego de una espera de semanas que parecía sin razón alguna, pero que nadie protestó dentro de sus filas; el martes se va Maribel Chollet de la dirigencia priista, sin que hasta el momento se sepa con certeza quién será el delegado que venga a hacerse cargo.

En el PAN, el presidente del comité directivo estatal, Edgardo Burgos Marentes, viene y habla de que un cambio de dirigencia significa la oportunidad para mejorar la relación con la militancia y de mejorar la imagen del partido al interior y al exterior de éste.

Usualmente Burgos Marentes es bueno para los diagnósticos. Es a la hora de aplicar los resultados que le falla y diametralmente, pero en esta ocasión más que un análisis de la situación y una directriz para la nueva dirigencia, parecía una ironía o un mal chiste a costillas de lo que realmente está pasando en el panismo mazatleco.

Porque sin duda Burgos Marentes sabe que en estos momentos las susceptibilidades están tan a la orden del día, que el nuevo presidente, Arturo García Canizales, enfrentó enojos y cuestionamientos por el simple hecho e haber cambiado las chapas del edificio, un acto de autoridad elemental que ocurre en cualquier parte, pero que aquí fue tomado –seguramente con toda la razón del mundo- como un signo de desconfianza y al final, como una manera de concretar el hecho simple, mondo y lirondo, de que los derrotados ya quedaron fuera de la directiva y de los privilegios, incluyendo el de entrar a las oficinas a la hora que les viniese en gana.

Mucha mano izquierda deberá tener García Canizales para salir delante de la situación que actualmente vive el PAN, y que seguramente se va a reeditar cada vez que se agote un motivo de conflicto, porque las dos corrientes principales mantienen la pugnacidad. Y aunque por lo pronto la de Carlos Felton prevalece por su capacidad para manejar posiciones, puestos y contrataciones, la de Higuera acaba de empezar a resurgir con los huesitos que se le pueden manejar al sistema de Conaleps en Sinaloa.

Entre los seguidores de Martín Heredia, que están del lado de los higueristas, hay una queja permanente porque no han conseguido abrir la ostra del gobierno municipal. Dicen que por más acuerdos a que se llega, por más que se acercan en plan conciliador, no llega a cumplirse nada de lo que les dijeron.

Lo grave es que en estas elecciones de síndicos y comisarios podría darse el enfrentamiento entre los oficiales y los disidentes del PAN, lo que debilitaría a la planilla azul, y por tanto a la expresión del feltonismo. En última instancia, si la oferta política no se divide, sí lo hará en esfuerzo o la simpatía, y para el caso redundará en lo mismo.

En realidad no ha habido ruptura porque está de por medio el gobernador Mario López Valdez, que ha pedido a unos y a otros que hagan todo el esfuerzo posible por mantener la unidad, viendo por Mazatlán y por el gobierno sinaloense, que no puede quedar como rehén de los enfrentamientos entre personalidades o grupos.

LAS DESPEDIDAS

EN EL PRI LOCAL

Desde el fin de semana pasado se sabe que Maribel Chollet se va, como el jonrón. Lo que parecía una especulación terminó confirmado tras la reunión de la todavía presidente del comité municipal del PRI con el diputado federal Heriberto Galindo Quiñones, quien desde tiempo atrás había manifestado su interés por ayudar a la dirigente, amenazada por el desempleo a mediano plazo, si conseguía mantenerse al frente de su partido hasta el mes de julio, cuando formalmente terminaba el periodo para el que fue designada.

Maribel Chollet se va a la subdelegación regional de la Profepa, un organismo donde haría falta alguien con el carácter de la candidata derrotada en el distrito XX, pero hasta eso resulta insuficiente pues ahí los problemas de corrupción parecen irresolubles a causa del status laboral de los inspectores, que operan con toda impunidad a sabiendas de que no pueden correrlos, excepto que el gobierno federal se decidiese a soltar el dinero correspondiente, que es mucho porque se trata de un fenómeno nacional.

El caso es que se va la señora Chollet, en una medida que probablemente sea desafortunada para sus aspiraciones de volver a ser candidata, esta vez en el ámbito federal. Su tirada es de doble propósito, como el ganado lechero: conseguirse una situación laboral estable, que no la someta a desequilibrios económicos, y permanecer vigente en el ámbito oficial. Seguir en el PRI la podía colocar en la incertidumbre a partir de enero.

Lo malo por un lado es que se trata de una chamba de carácter policíaco –ambiental, pero policíaco- que no genera simpatías, y además prácticamente en manos de los inspectores vaquetones de los que hablábamos antes. Además, en el sexto distrito el que es o fue su grupo político parece ya amartelado con Germán Escobar, el dirigente cenecista que se anda moviendo en ese sentido; y en el octavo los tiradores son muchos, incluyendo nombres que le son o le fueron cercanos y que tienen más peso y juego que ella.

Por otra parte, el comité municipal del PRI se queda totalmente acéfalo, pues el secretario general, Valentín Zazueta, también está a punto de irse con una colocación federal que igualmente le daría un alivio financiero, a cambio de alejarlo de la zona de lucha por la dirigencia o por una candidatura, aunque fuese en estatus de suplencia.

La versión oficial es que la presidente del comité directivo estatal del PRI, Martha Tamayo Morales, había decidido ya enviar delegados especiales para inyectarle vida a la organización partidista en los tres municipio donde son oposición: Mazatlán, Guasave y Angostura, pero en el caso de Mazatlán se presentan con gran oportunidad estos movimientos, que le darían al delegado el poder más absoluto, el que se ejerce sin tener que guardar las formas a que obligaría la existencia de una dirigencia formal.

Ahora bien, tratándose del PRI, uno no sabe si el propósito de doña Martha Tamayo sea fomentar una participación activa e independiente, que dé a los tricolores la dignidad de ser una oposición actuante, responsable pero firme, como han sido los regidores tricolores en el Cabildo, que han sabido llevar el peso de la lucha contra los cobros excesivos del predial.

Pero si se trata de hacer una oposición alineada como en el resto del estado, con cualquier personaje tricolor al que rescate del desempleo en Culiacán tendrá suficiente, sin quebrarse mucho la cabeza.

¿CON QUIÉN QUIEREN

QUE GOBIERNE?”

Frecuentemente se acusa a los gobernantes de rodearse de incondicionales, de cuates y hasta parientes para ejercer los cargos que se les asignan o que ganan por la vía electoral. Invariablemente, la respuesta es la misma, venga de quien venga: ¿y con quién quieren que gobierne? ¡Ni modo que con los enemigos!

De algún modo esa fue la respuesta de Alejandro Higuera Osuna cuando se hizo pública la designación de sus colaboradores más cercanos en el gobierno municipal para los principales puestos del sistema Conalep, que tiene a su cargo desde hace unas semanas.

Cuando lo cuestionaron sobre la designación de sus cercanos, Higuera dijo efectivamente, que tiene que integrar un equipo con gente conocida, que tenga capacidad y que esas son las características de quienes ha designado.

A decir verdad, poro puede decirse respecto de quienes van a puestos tan cercanos: Abelardo Sánchez, su auxiliar personal, le conoce las formas de trabajo, las relaciones, aunque sean las políticas, las condiciones de operación, en fin, un bagaje que difícilmente puede adquirir un nuevo elemento. El director de Operaciones, Carlos Angulo, es también un personaje probado, a quien no se le cayó la Presidencia Municipal durante el tiempo que ejerció el interinato, aunque haya sido con un cerradísimo marcaje personal del propio Higuera.

Claro que si de repente viésemos como coordinador académico al celebérrimo Cotorras, que sigue esperando una designación, tendríamos que empezar a alarmarnos, como lo haríamos si al arquitecto Erick Reynoso le inventan una coordinación de fomento a los valores y a los buenos modales. Por decir lo menos, el manual de Carreño no es su fuerte.

En cambio las direcciones de los planteles sí son asunto delicado. La del plantel Juan de Dios Bátiz, de Culiacán, es una muestra de cómo se pagan los favores. José Roberto González fue quien puso la cara para que la corriente higuerista peleara por la presidencia del comité directivo municipal del PAN. Perdió la elección, pero hizo méritos en el grupo. Todavía después de la derrota interpuso un recurso de inconformidad que levantó polvareda y lo retiró con la estoica disciplina de quienes saben obedecer para hacer y para deshacer.

Además de ser una prueba palpable de que obedeciendo se gana, González Gutiérrez puso en evidencia un impacto más en ese tipo de designaciones: entre los sensibles agradecimientos a su familia y personajes más cercanos, incluyó uno a su equipo de trabajo “que siempre me acompaña”. Es decir que si el director general lleva consigo a los suyos, el director del plantel también hace lo propio.

Por lo demás, tampoco es extraño que Higuera haya puesto a sus cercanos en puestos importantes, incluso si algunos de ellos no tenían experiencia previa. Para Higuera es suficiente con que González Gutiérrez haya tenido el antecedente de manejar gente a través del Instituto Municipal de la Juventud, o que Guadalupe Aguilar Soto, directora del Conalep II de Mazatlán, haya sido encargada del programa Estatal de Empleo en Mazatlán. Ella misma sustituyó en el cargo a Abrahám Urrea, quien llegó a ser director de la escuela por el hecho de haber sido militante y candidato del PRD, después de abandonar al PRI, que no lo hizo candidato. Méritos suficientes para que Ramón Lucas Lizárraga, primer director de los Conaleps en este gobierno, lo importara desde Rosario para que viniese a Mazatlán a ejercer su abnegado ministerio.