EN LA GRILLA

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*Megaoperativo, pero no hallaron a la presa

*Zenén “dona al DIF” su autoliquidación

*Los grandes mitotes de la fiesta carnavalera

FRANCISCO CHIQUETE

Al Amanecer del lunes, Culiacán se vio sacudido por un operativo inusitado. Helicópteros realizaban vuelos rasantes, intimidatorios para los delincuentes, pero sobre todo para la población ajena a las actividades ilícitas, que despertó sobresaltada, sin saber que todavía les faltaba el paso de los vehículos terrestres, tan ruidosos y aparatosos como los voladores.

El asunto trascendió de inmediato los espacios de la capital sinaloense y aún los de la entidad y del país. Antes que rompiera  completamente la mañana, noticieros de radio y televisión hacían cortes en directo desde las zonas donde grupos especiales de la Secretaría de Marina tomaban casas, bloqueaban cuadras enteras, cerraban calles y advertían a los reporteros con decomisarles las cámaras de fotografía o de video.

Hacia las diez, el gobernador Mario López Valdez dio unos cuantos esbozos del asunto, nada que no se conociese ya: todo empezó un día antes por un enfrentamiento en Culiacancito, que generó líneas de investigación de las que la Armada de México decidió emprender acciones a fondo que no podían ser divulgadas. Por ello el propio gobernador pidió paciencia hasta que la propia Marina emitiese un boletín informativo.

Pero al cerrar la jornada –y la entrega-, la Semar no había informado nada. Se sabía de casas incautadas, de maletas extraídas, de personas detenidas y trasladadas al aeropuerto, y también de casas de gente no relacionada que fueron violentadas, en un reclamo que el gobernador ofreció canalizar a las vías adecuadas una vez que se tuviese una relatoría completa de los hechos.

Hay por supuesto, información sobre detenciones y decomisos, pero se trata de una acción previa, que en algunos lados se ubica en los días 13 y 14 de febrero, y en otros en la jornada dominical de Culiacancito.

El hecho es que está detenido un hombre a quien se ubica como el jefe de seguridad de Ismael El Mayo Zambada, dos de sus hermanos y otros dos. También se habla del encargado de mandar droga al extranjero y de que unos están en el penal de alta seguridad de Tamaulipas, y otro, el jefe de guardias, en el del Altiplano.

Por la pertenencia, se especula que el operativo buscaba detener al propio Mayo zambada, quien no habría sido ubicado.

Por supuesto, estas circunstancias han generado otra polémica, la de los legalistas, que reclaman por la vulneración del estado de derecho, por la violación a la autonomía del estado y del municipio, por la falta de confianza en las instituciones locales y todo ese rollo que aparece después de cada operativo, por cierto en las voces de los mismos que cuando no hay nada, reclaman por la intervención del gobierno para poner orden en nuestras ciudades.

Finalmente el recuento oficial confirmó las detenciones de cinco personas: Joel Enrique Sandoval Romero El 19 o El loco; Apolonio Sandoval Romero El 30; Cristo Omar Sandoval Romero El Cristo; Jesús Andrés Corrales Aztorga El Bimbo y Mario Miguel Pérez Urrea El Pitaya.

Es El 19 a quien ubican como encargado de la seguridad de Zambada, mientras sus hermanos manejaban sicarios y halcones. Hubo doce residencias y casas decomisadas, donde encontraron 77 armas largas, quince armas cortas y cuatro vehículos (dos blindados), más de dos mil dosis de cocaína, dinero en moneda nacional (286 mil pesos) y cuatro mil seiscientos noventa dólares

UNA DEVOLUCIÓN

QUE NO QUISO SER

Lo ocurrido ayer en Los Mochis es un verdadero triunfo de la sociedad. La opinión pública reaccionó indignada al conocerse las autoliquidaciones aprobadas y recibidas por el entonces alcalde Zenén Xochihua Enciso, sus regidores y sus principales colaboradores.

Atosigado por la mala imagen que le generó el hecho, por la condena prácticamente unánime de los mochitecos y de Sinaloa en general, Xochihua llegó ayer hasta la tesorería del ayuntamiento ahomense y entregó un cheque por 260 mil pesos, cantidad neta que recibió por la autoliquidación.

Claro que el orgullo no lo dejó llegar a tanto como reconocer la irregularidad en que había incurrido, de modo que el cheque lo entregó a manera de “donativo al DIF”.

Técnicamente, entonces, el exalcalde sigue en las mismas. Si el ayuntamiento decidiese seguirle causa por el dinero que se llevó, y los tribunales lo encontraran responsable, estos 260 mil pesos no podrían ser considerados como una devolución. Son, por decisión del indiciado, un donativo al DIF, y nada más.

Por supuesto, lo más lógico es que el gobierno de Arturo Duarte determine no seguir adelante en el procedimiento administrativo que parece haber iniciado. Es muy posible que desde el tercer piso se le pida o se le haya pedido ya mandar una señal de civilidad política, considerando que ya fue suficiente castigo con la exhibición de que Zenén fue objeto y sobre todo, el triste papel de ir a devolver un dinero que a fin de cuentas no le correspondía.

Entrevistado para Guardianes de la Noche, el exalcalde mochiteco insistió en declararse inocente porque según su consideración, y la de los abogados que dice haber consultado antes de dar ese paso, el pago está dentro de la ley, está dentro del presupuesto y era una práctica que habían realizado sus antecesores.

No me alcanzó la sesera para determinar si su defensa era desesperada o cínica, pues primero dijo que fue objeto de un linchamiento político que el PRI orquestó, aprovechándose de la situación, pero que la gente no se chupa el dedo y por lo tanto no cae en esa falsedad de que es víctima.

Cuando le preguntamos si de veras se sentía ultrajado, insistió en que sí.

Cuando le citamos las condenas de su dirigente estatal panista, Edgardo Burgos, que le dio la razón jurídica pero no la razón política, o la del gobernador Mario López Valdez, quien dijo que la autoliquidación no fue moral ni ética. Del primero, Zenén dijo que no tenía la información completa; al dicho de Malova lo refutó sosteniendo que si la liquidación está dentro de la ley y del presupuesto, es moral y es ética.

Si a usted le parece increíble que un político tan experimentado argumente esas cosas, entérese de que además sostuvo que con la llamada autoliquidación sólo cumplió con la ley. Cuando uno protesta cumplir y hacer cumplir la ley, debe hacerlo, y nosotros vimos que estaba eso en las disposiciones jurídicas, en el presupuesto, y cumplimos con la ley. De nada sirvió que insistiéramos en que aun concediendo que las partidas ahí estaban, nada los obligaba a ejercerlas. Cuando mucho reconoció que cometió el mismo error que los otros alcaldes.

Jure usted que él se siente limpio de polvo y paja, y hasta listo para ser candidato a diputado federal el año próximo.

Eso sí: chamba en el gabinete plural, ya no agarra.

EL ETERNO DELIRIO DEL

REINADO CARNAVALERO

Durante muchos lustros hemos vivido y observado las pasiones del carnaval, y conforme crece la ciudad, cambia la población y se diversifican los intereses y las actividades de entretenimiento, nos ha parecido factible que se vaya diluyendo la pasión que el carnaval ha generado entre los mazatlecos.

Pero cada vez que hay una nueva elección de reina –cada año- vuelven los calores, los sofocones y los reclamos, como si no hubiese cambiado nada: ni la gente, ni la ciudad, ni nada de nada…

Las polémicas han existido siempre: desde que las autoridades intervenían directamente en las designaciones de las reinas; cuando la corona se dirimía con dinero; cuando se hicieron los famosos corcholatazos; cuando se implantaron los concursos.

Se han desbaratado sociedades, enemistado familias, dividido gremios, partido la sociedad. Con frecuencia había una candidata de “la crema” y otra de los pobres, aunque ambas proviniesen del mismo estrato social encumbrado.

Hubo un encumbrado político y empresario que pagó votos con un cheque e hizo ganar a su candidata, pero al día siguiente se encontraron con que el cheque no tenía fondos. Se prohibieron entonces los cheques, a la muchacha no se le reconoció el triunfo y el generoso donador es hoy héroe epónimo.

Héctor Díaz Valdez terminó con un ramo de flores estampado en la cara cuando su amiga y colaboradora entrañable, un gran personaje de la ciudad, vio que su candidata no ganaba; la intervención del alcalde José Ángel Pescador hizo que el comité de carnaval renunciara en pleno casi en las vísperas de la fiesta; una sólida aspirante fue descalificada porque en plena campaña utilizó a una firma cervecera que no era la del patrocinio; hubo un contumaz ganador de reinados carnavaleros para sus candidatas que montó en cólera ante la derrota, causada por la pregunta “a qué huele Mazatlán”, y cobró venganza en una campaña electoral. En la última etapa los gritos de fraude han sido frecuentes y parece que se va a acabar el mundo, pero la fiesta sale adelante y se supera cada año.

En esta ocasión fue una mala lectura de los resultados la que motivó la inconformidad, generando una presión tal, que ya le entró a las aclaraciones el propio alcalde Carlos Eduardo Felton González, pero el verdadero elemento potenciador del escándalo ha sido ese nuevo portento que son las redes sociales.

Ahí se ha visto de todo: desde los expertos que descubrieron el elemento binario que se manipuló para hacer coincidir las cifras hasta la enorme diferencia de hacer que la ganadora fuese peinada de un modo, mientras a las demás se les obligó a llevar un chongo. Las teorías más alucinantes y las especulaciones más rupestres conviven con los reclamos más inverosímiles. Una bella mujer, símbolo de esas luchas y esas coronas, investida de jurado, clama justicia no para las concursantes, sino para ella y se declara en espera de una disculpa pública, quizá de la sociedad en su conjunto; un conocido profesionista señalado como el que inició las confusiones, exige que sea el notario público quien le ofrezca la disculpa, y un extraviado ciudadano propone quemar al propio notario público como encarnación del mal humor.

Dos chamacas se declaran en rebeldía y declinan a su participación como princesas del carnaval. Tienen razón: su puesto no es muy destacado, van casi en el anonimato, y es más atractiva una rebeldía que da cinco minutos de gloria, que una conformidad que les permite estar ahí, presentes, pero invisibles.

Al final queda desplazada hasta doña Elenita Vázquez de Somellera, la poetiza que dio un aforismo a la fiesta: “en Mazatlán el tiempo no se mide por años, se mide por carnavales”. Lo que priva es la vieja conseja de que “Carnaval sin mitote no es carnaval”.