EN LA GRILLA

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*Roberto Cruz, el gran personaje… de los despidos

*Urge a los higueristas que llegue el martes de cambios

*Descansan del predial; otra modalidad de los errores

FRANCISCO CHIQUETE

Aunque los escándalos políticos son frecuentes y variados, los últimos días han sido pródigos en asuntos llamativos. Piénsese sólo en el cobro del impuesto predial mazatleco, en las autoliquidaciones de los alcaldes de Ahome y de Escuinapa; en la barbaridad cometida con los productores frijoleros, a quienes llevaron a una reconversión de cultivos que con todo y su planeación fue a dar directamente al fracaso porque nadie previó el factor de los precios.

Pero lo que ya ocupa a la entidad es tan fuerte como esos temas: la sacudida al gabinete de Mario López Valdez, un asunto que se viene arrastrando desde el arranque del 2012, cuando se dio a conocer el famoso “manotazo sobre la mesa”, del que hubo pocos resultados: apenas una salida, la de Oralia Rice, el reacomodo de un secretario que parecía destinado al desempleo, y el ascenso no oficializado en meses de un coordinador devenido zar de la seguridad sinaloense.

Es muy posible que los resultados terminen nuevamente por decepcionar a algunos, pero por lo pronto han dado ya mucho qué decir. Han generado batallas, enfrentamientos, utilizaciones de personeros y de sicarios verbales, amén de desnudar a algunos que pretendían mantener una actitud independiente, y que finalmente se sumaron a las descalificaciones o a las defensas.

En la búsqueda de resultados para sus grupos, gremios o clanes, algunos actores políticos han saltado a la palestra. Otros han intentado bajarse vergonzosamente. El caso es que nadie o casi nadie ha permanecido al margen, en una situación que demuestra por un lado el interés que sigue generando el equipo de trabajo del gobernador, y por otro, las calenturas de los que se quieren ir armando “para lo que viene”, ya acomodando piezas, ya mediante la eliminación de los que son o consideran adversarios.

Desde hace varios meses el exalcalde de Culiacán, Aarón Rivas Loaiza, se convirtió en el elemento principal de las discusiones. Sus seguidores y simpatizantes celebraban anticipadamente la designación “inminente” como secretario de Desarrollo Urbano y Obras Públicas. Sus contrincantes de dentro y de fuera del gobierno, se trenzaron en una lucha inacabable sobe las conveniencias o inconveniencias de desplazar al ingeniero José Luis Sevilla, quien prefirió no sudar calenturas ajenas y ni siquiera las propias, dejando en claro que “el gobierno es de Mario López Valdez, no de los secretarios”, por lo que está en derecho y en libertad de separar y de nombrar a quien considere que le puede dar mejores resultados”.

Vaya usted a saber si por estrategia de los aaronistas o por una situación natural, de repente se dejó de hablar de Sevilla Suárez como la víctima principal, para trasladar el papel al secretario de Desarrollo Económico, Roberto Ramsés Cruz Castro, quien ha visto pasar por los medios su carrera política, sus resultados escasos o no, a una velocidad vertiginosa, como dicen que ocurre con la historia de vida de aquellos que entran en agonía.

A Cruz Castro lo empezaron a dar por despedido a causa de sus ansias de novillero. Unas declaraciones imprudentes sobre sus aspiraciones por la gubernatura, su disposición para lo que el gobernador quiera hacer con él, incluyendo el enviarlo de candidato, fueron tomadas como un motivo suficiente para que lo echaran de su puesto.

Luego vino la ofensiva. Como las señales de si se iba o no resultaron insuficientes, se pasó al Plan B. El diputado Guadalupe Carrizosa Cháirez se lanzó a fondo, como torero con estocada manejada en la suerte del volapié, ese que genera con mayor riesgo la posibilidad del matar o morir. No fueron entonces sólo las aspiraciones adelantadas de Cruz Castro, sino también hipotéticos gastos de dinero oficial en el asentamiento de esas aspiraciones, intervenciones en asambleas municipales del PAN para influir sobre los consejeros que vayan a resultar de ellas y hasta mentiras dichas ante el Congreso sobre la propia actuación en la Sedeco.

Ya fuera porque parecía la víctima propiciatoria contra la que había que lanzarse, porque había una consigna o simplemente porque en efecto, hubiese hecho mal las cosas, Cruz Castro quedó también en la mira de otros actores.

El presidente del Centro Empresarial de Culiacán, Mariano Gómez Aguirre, entrevistado por nuestro compañero Carlos Rosas a propósito de los tan anunciados nombramientos y despidos, consideró que el gobernador Mario López Valdez debe hacer cambios en la Secretaría de Desarrollo Económico, pujes a su juicio, en los nueve meses transcurridos con Cruz Castro al frente, no se habían producido cambios importantes en el desarrollo económico del estado.

Claro que cuando ya vio la declaración plasmada y reflejada en varios medios, al dirigente empresarial le entró el miedo y dijo que no había dicho lo que dijeron que dijo, sino que pidió cambios en la Secretaría, en las áreas que no han funcionado, pero no el despido del secretario. Vaya usted a saber si se enteró de un cambio de planes, pero el caso es que como siempre, se pidió la cabeza del mensajero. “Carlos Rosas se equivocó”, dice el propio Cruz Castro que le dijo el dirigente de Coparmex, quien por lo visto no le pudo sostener telefónicamente la exigencia de que lo defenestraran. Es que los pantaloncitos a veces son muy pesados.

En cambio ayer el dirigente estatal del PAN, Edgardo Burgos Marentes, lanzó su resto para evitar el despido de quien no sólo ha sido su compañero de partido, sino además su contacto con el gobierno del estado y su operador de muchos casos, sobre todo en los tiempos en que Edgardo estaba a partir de un piñón con el gobernador López Valdez.

Burgos Marentes dice que si el gobernador cesa a Roberto Cruz estará enviando una mala señal a los panistas. Como ha hecho en otras ocasiones, el dirigente tuvo argumentos de equilibrio partidsita, no de resultados ni mucho menos del interés de la sociedad. Se trata simplemente de que haya panistas en el gobierno, sin importar si lo hacen bien o mal. En este caso sin embargo, hay un agravante. No puedo negar que es mui amigo de mucho tiempo, que compartimos ideales en el partido, dijo. El afecto personal como razón de estado, por más que durante la entrevista con el propio Carlos Rosas haya tenido el cuidado de decir que el gobernador está en libertad de decidir quiénes son o no sus colaboradores.

Como se advierte, el gobernador está en medio de una guerra de jaloneos que algunos han ubicado en el propio tercer piso, donde el secretario general de gobierno, Gerardo Vargas Landeros, ha negado toda culpa (sólo le faltó decir a los reporteros aquello de “véanme a los ojos y dense cuenta de que en ellos no hay maldad”.

En fin que ya sólo faltan 24 horas para que el propio gobernador dé el veredicto y determine quién es el que sigue vivo en la nómina y quién se va a descansar a sus casas con un mensaje de “gracias por participar”, y con el agravante de que en este periodo de austeridad y de campo minado por las autoliquidaciones, ni siquiera tendrían el consuelo de un buen bono de despedida.

EL PORQUÉ DEL

DESISITIMIENTO

Aunque el viernes el gobernador vino a Mazatlán con muy poco tiempo para hacer acuerdos de fondo o trazar lineamientos y estrategias que requiriesen más tiempo que el de un acuerdo de pasillo, se sabe que con Alejandro Higuera Osuna hubo oportunidad de intercambiar algunas expresiones fundamentales.

Dicen que por ese breve contacto, que reafirmó las atenciones públicas hacia su persona, Higuera empezó inmediatamente a jalar hilos y desactivó entre otras cosas la impugnación que interpuso Roberto González Gutiérrez contra el triunfo de Arturo García Canizales en la elección del comité directivo municipal del PAN.

A partir de ese viernes, los higueristas se truenen los dedos por que llegue el martes para que se anuncie el puesto que recibirá Alejandro Higuera, y que se estima será precisamente la coordinación de Cobaes que ya él había establecido como su preferencia, incluso por encima de la Subsecretaría de Educación Básica.

Se cree que sólo Higuera y Aarón Rivas serán investidos, de entre los alcaldes calificados por el gobernador como “los cuatro fantásticos”, por haber entregado las mejores cuentas en esa comalada de ayuntamientos. A estas alturas los cuatro han sido impugnados, pero Aarón Rivas estaba blindado, mientras que Alejandro Higuera se ha mantenido en una situación de cercanía afectiva con el gobernador. Zenén Xochihua, como se sabe, está quemado después de hacerse pública la autoliquidación de 360 mil pesos, a la que habría que sumar varios cientos de miles más, entregados a sus regidores y colaboradores principales. Evelio Platas, ex de Navolato, simplemente está perdido.

UN DÍA SIN RECLAMOS

POR EL IMPUESTO PREDIAL

Hasta los más escépticos tendrán que reconocerlo: este lunes no habrá un solo caso de protesta o inconformidad en el municipio. Ni siquiera por el impuesto predial, que se ha convertido en una verdadera bestia negra para los mazatlecos.

Por supuesto, no es que la Delegación de Catastro hubiese resuelto los problemas ni mucho menos convencido a los causantes afectados por cobros excesivos. Es simple y sencillamente que se trata de un día feriado en que descansan las oficinas municipales de atención al público (no las de servicios o vigilancia).

El punto es que ahora, además de aquellas viviendas en las que no ha habido construcciones ni modernizaciones en mucho tiempo, y que tienen registrados más metros de construcción, han aparecido recibos que siendo iguales a los del año pasado, con los mismos metros de construcción, el mismo valor catastral de la finca y por supuesto, los mismos dueños y usos del suelo, presentan alteraciones en el cobro hasta en trescientos por ciento.

Esos no tienen que ir a hacer la cola del módulo de catastro en el Palacio; no tienen que ir a las oficinas de Catastro en la Unidad Administrativa, armados con su documentación y con sus consabidas fotos de fachada, techo y patios. El pleito ahí no es por metros de construcción, sino por un cobro abusivo que en uno o dos recibos, en cien quizá, resultaría un error de captura a la hora de elaborar el documento, pero que en las proporciones que alcanza, no es sino una ineficiencia absoluta, o dolo para cobrarle de más a la gente.