EN LA GRILLA

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*Una comparecencia que no funciona

*El procurador revive las cartas a Eufemia

*Ni el Chuquique se declaró convencido

FRANCISCO CHIQUETE

Como estaba previsto, la gran mayoría de los diputados, tanto del PRI como del PAN, que tienen bancadas importantes, acudió a ser testigo pasivo y en ocasiones hasta obsequiosa con las cosas que venían dispuestos a decir el procurador general de Justicia del Estado, Marco Antonio Higuera Gómez, y el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Castro.

Se trataba de la glosa del tercer informe de labores presentado por el gobernador Mario López Valdez el pasado 15 de noviembre, y que por ley debe ser analizado en el Congreso recurriendo incluso a la comparecencia de cuantos funcionarios sean necesarios. Por lo pronto se necesitó que acudiesen los del área de seguridad y justicia, que tienen en sus manos la responsabilidad de resolver el principal problema de los sinaloenses, que es precisamente la seguridad pública.

En realidad nadie podía hacerse grandes ilusiones. Las comparecencias de funcionarios nunca han sido sesiones productivas. Se ha tratado de pasarelas en que los comparecientes acuden a decir que todo está bien y bonito, mientras los diputados asumen el papel que les corresponde. O que les correspondía en aquellos tiempos en que había oposiciones y oficialidades contrapuestas, cuando los legisladores proclives al régimen se dedicaban a defender al funcionario –y al gobernador, por supuesto- y los opositores se estacionaban el el cuestionamiento elevado a veces hasta la diatriba, hasta la ignominia unos y hasta la irracionalidad los otros.

La diferencia hoy es que las líneas de separación no existen, o son demasiado sutiles, de modo que ahí tuvimos a las mujeres más aguerridas de la Cámara lavándose la cara con el tema del feminicidio, que siempre será legítimo y comprendido por los gobernantes como una postura crítica que se debe tolerar y hasta ver con simpatía.

El procurador por supuesto, llevó sus documentos, sus resúmenes y sus cuadros para demostrar que ha bajado la comisión de delitos de alto impacto, sobre todo los crímenes dolosos, pero también el robo de vehículos y otras situaciones que han generado una percepción de inseguridad que ya no se corresponde con la realidad objetiva, aunque el discurso haya iniciado específicamente con un reconocimiento a lo mucho que todavía queda por hacer en esa materia.

El Congreso del Estado mostró por cierto una nueva actitud. La comparecencia no fue ya en las catacumbas, en un saloncito de entrada controlada y escasos espacios para el público. Fue en  uno de los auditorios, con invitados entre los que abundaban representantes, líderes sociales, líderes de opinión y otras personas que podían garantizar que se respondía con el evento al ordenamiento de “máxima publicidad” que establece la Ley de Acceso a la Información pública del Estados de Sinaloa.

En ese sentido fue un buen ejercicio que cambia en alguna medida las comparecencias, aunque a decir verdad estos eventos ya no generan resultados para nadie. Si el funcionario se echa flores, son inútiles, porque el perfume floral cae sobre una sociedad intoxicada por la peste de la inseguridad. Quizá con menos hedor, pero todavía intoxicada; si los diputados le hacen preguntas a modo para dar pie a la ratificación de las cifras optimistas, es inútil porque la sociedad no se las cree. Incluso descree de lo que en el fondo sabe que es cierto, porque algún cambio percibe; y si los diputados opositores hacen una pregunta incómoda, tampoco sirve de nada porque el funcionario simplemente la esquivó y dejó al interrogador o interrogadora con un palmo de narices, lo mismo que al público que se hubiese interesado en el tema.

Porque eso fue lo que sucedió: Al procurador le llegaron las preguntas de los diputados, escogió tres que por supuesto fueron las que más le cuadraron, y las demás se las llevó a su casa para luego dar respuesta por escrito, en cartas dirigidas al diputado interrogador, porque no alcanzaba el tiempo para más. ¿Y la sociedad? ¿No era acaso un acto público que serviría para que la opinión pública se hiciese una idea sobre la situación que refleja la procuración de justicia en el estado para el periodo que abarcaba el tercer informe?

EL BONITO DEPORTE DE

TIRARSE LA B OLITA

Con el secretario de Seguridad Pública del Estado a los diputados les fue peor, si puede haber algo peor que posponerte y someter tus cuestionamientos a la eventualidad de unas cartas a Eufemia.

Genaro García Castro, el secretario a quien los diputados preguntaban obsequiosos ¿cómo se ha avanzado en materia de prevención? ¿Cuáles programas tienen en marcha? Y cosas por el estilo, terminó por imponer su ley. No es que los haya convencido de que la prevención es la mera neta ni de que él ha descubierto el hilo negro en la materia de seguridad que corresponde al Poder Ejecutivo Sinaloense, es algo mucho más sencillo que eso,.

Cuando alguien se salió del libreto e hizo una pregunta incómoda, don Genaro simplemente aventó la bolita al Poder Legislativo, responsabilizando a los diputados de que no haya avances sustanciales, o respuestas a casos específicos, porque el Congreso tiene detenidas algunas iniciativas, lo que les impide ir más allá.

Inculpados olímpicamente, los legisladores prefirieron guardar silencio, asumir la parte que les corresponde y dejar pasar la estridencia. El secretario se deshizo de la bronca y les aventó la bolita, en una práctica más de ese bonito deporte nacional que lo mismo sirve para in barrido que para un fregado.

CHUQYIQUE RECONOCE EL

ESFUERZO, PERO FALTA MÁS

Hábil en su discurso, modernizado, el presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso nos responde que no, que de ninguna manera se puede sentir satisfecho con los resultados en materia de seguridad. Reconoce que hay un esfuerzo importante, que se han registrado avances gracias a ese esfuerzo, pero ni como representante social, ni como ciudadano, ni como padre de familia, puede declararse satisfecho por la forma en que se encuentra el renglón de la seguridad en nuestro estado.

De paso respondió a la bravata de García Castro que se va a revisar lo que esté pendiente de atender entre los rezagos del Congreso, pero hay una consideración que ninguna ley resuelve por si sola los problemas. Se necesita el factor humano y eso es lo que se debe aplicar para atender las necesidades de la población.

Al final uno recuerda que el gobernador Mario López Valdez ha sido mucho más autocrítico e lo que fueron los dos funcionarios principales de su área de seguridad, sin que aquella actitud claridosa fuese en desdoro de la obligada naturaleza optimista del propio Malova.