EN LA GRILLA

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*¿Qué preguntarán hoy los diputados?

*Las cuentas de Felton sobre Higuera

*Todos ven lo mismo; nadie es culpable

 

FRANCISCO CHIQUETE

 

Es de esperarse, por el bien de los asuntos de Sinaloa, que haya diputados que se interesen por hacer hablar al procurador de Justicia sobre los graves acontecimientos que se están dando y que parecen no importar en lo más mínimo, toda vez que el procurador general de Justicia del estado, Marco Antonio Higuera Gómez, parece haber hecho un voto de silencio, con la sola excepción para confirmar que hubo una orden de aprehensión.

Los diputados de la sexagésima primer legislatura reciben hoy al procurador y al secretario de seguridad en el estado para que hagan la glosa de las partes que les corresponden respecto del tercer informe del gobernador Mario López Valdez. Fueron cuatro los funcionarios citados a comparecer y la mitad corresponde al área de la seguridad pública.

Es un tema ambivalente en nuestra entidad. A propósito del “warning” que anualmente lanza Estados Unidos a sus ciudadanos en trance de viaje, comentábamos que en Mazatlán hay una importante disminución en los hechos delictivos, sobre todo los que se refieren a crímenes dolosos, pero en el resto de la entidad, aun cuando se han generado algunas disminuciones, los niveles siguen siendo muy graves, de modo que sin renunciar al optimismo, no se puede hablar desde una perspectiva exitosa, como a veces ocurre con los funcionarios, incluido el propio gobernador, quien con frecuencia se frenaba a si mismo acotando que no estaba satisfecho aún.

Son muchas las cosas que se tendrían que preguntar a los dos funcionarios. Tanto Higuera Gómez como Genaro García tendrían mucho sobre qué ser cuestionados. Hay avances innegables que sin embargo quedan por detrás de la realidad que los diputados debieran escudriñar.

Habida cuenta de la manera en que se integró el Congreso, todos tenemos derecho de dudar que se vaya a hacer una sesión de interrogaciones a fondo. Por desgracia aun en los momentos de mayor disenso respecto del ejecutivo, los diputados parecían convencidos de que su papel era competir entre sí por el que quedara mejor con el funcionario en turno, y por ello, con el régimen en general.

Hoy, cuando prácticamente no existe una oposición formal, porque todos los partidos se sienten gobierno y el gobierno tiene injerencia en todos los partidos, podremos ver algunos chisporroteos de bravuconería de parte de legisladores que no tienen nada qué perder, pero seguramente no un cuestionamiento a fondo que lleve claridad a los asuntos que más importan a la sociedad.

Queda por ahí la llamada “chuybancada”, que tiene experiencia, conocimiento y muchos motivos para estallar en cuestionamientos, pero su cercanía con el gobierno anterior y la naturaleza del proceso que se sigue contra el secretario de Salud, los invalida para lanzarse a fondo. Incluso parecen más obligados a exigir investigaciones y clarificación plena del tema.

Hasta el momento las cosas han funcionado dentro del Congreso a pedir de boca de lo que podemos llamar institucionalidad. El único que se ha salido del huacal ha sido el diputado del Movimiento Ciudadano Mario Ímaz, quien escogió para estrenarse como opositor un tema bastante sugerente: el sueldo de los diputados. Ímaz declaró a los medios que no se les había pagado adecuadamente y asentó sus declaraciones en la imagen de un cheque posfechado con que se le cubrieron adeudos.

Por supuesto, no es que Jesús Enrique Hernández Chávez pretenda no pagarles o aprovecharse personalmente del dinero. Es que el gobierno del estado no había situado la partida correspondiente, ya porque sigue enfrentando una crisis muy severa, ya porque quisiese mandar un juguetón mensaje de quién decide las cosas y quién tiene el prosaico poder del dinero, que como se sabe, mata verbo y mata a carita.

CUENTAS CLARAS, PERO

¿AMISTADES LARGAS?

Durante un buen rato antes de irse, el hoy exalcalde Alejandro Higuera Osuna insistió en que dejaba las finanzas saneadas a tal grado, que después de haber recibido la administración con una deuda e corto plazo por ciento cuarenta millones, se marchaba dejando en caja más de ochenta millones, y aquel adeudo pagado en un elevado porcentaje.

Ayer sin embargo, su sucesor Carlos Eduardo Felton González lamentó encontrarse con una deuda que entre Higuera y los remanentes de Jorge Abel, prácticamente remonta la cantidad de que inicialmente se quejaba Alejandro.

 Solamente en un caso, el de un terreno mal expropiado para el libramiento dos durante la segunda administración de Higuera, y por el que en su momento no quisieron pagar seis millones de pesos, hoy cuesta setenta y seis millones, con el agravante de que el precio actual es sostenido por una decisión judicial que el régimen anterior no supo enfrentar exitosamente.

Hay además una serie de demandas también perdidas o por perderse, de carácter laboral, tanto con empleados que fueron despedidos por haber estado en el gobierno de Jorge Abel López Sánchez, aunque procedieran de más atrás e incluso aunque muchos hubiesen sido llevados al gobierno por el propio Higuera en alguna de las dos oportunidades anteriores.

Todo esto, más los remantes de la ya célebre deuda “Jorgeabel”, llevaron a Felton a establecer que no hubo finanzas sanas como se dijo tantas veces.

Incluso cuando una de las compañeras le pregunta por los ochenta millones de pesos que quedaron en la tesorería al traspaso de poderes, Felton dice pintando la raya “eso era para gasto corriente”.

En efecto, el propio Higuera dijo que se trataba de dejar el dinero correspondiente al consumo eléctrico, a las retenciones fiscales y otras cosas que no se pueden pagar antes de su vencimiento. De acuerdo con las nuevas disposiciones legales, esas y otras deudas deben quedar con una fuente de financiamiento señalada antes de entregar el poder (una cuenta de banco, una cuenta por cobrar que garantice el adeudo en la cantidad y el plazo necesarios). A lo que Higuera no estaba obligado era a dejar dinero para la siguiente quincena, a menos que haya algunos días de diciembre, por la fecha de corte. Esa cantidad “´para el gasto corriente” no existió en otros municipios, donde las actuales administraciones están metidas en problemas serios.

De todos modos es bueno que Felton haya aclarado las condiciones en que recibe. Entre más información reciba la sociedad es mejor. Quién sabe si sean positivas la carga de enfrentamiento con que se dejaron las cuentas alegres de los que se fueron, y la idea de colocar a cada quien en su lugar que aparece detrás de las aclaraciones feltonistas.

LA ELECCION EN EL COMITÉ

MUNICIPAL DEL PAN

Viendo cómo se desenvuelven las cosas, no se puede menos que pensar en la elección de dirigente municipal panista como causa de las aclaraciones, las presunciones y las descalificaciones. El pleito entre la gente de Felton y la de Higuera, así como entre los propios cabezas de grupo es ya antiguo y no iba a terminar porque se invirtiesen las posiciones.

Hay tres candidatos, los tres con un discurso beligerante, aunque los términos sean civilizados. Lo  curioso es que los tres ven las mismas cosas: un partido ofendido por el trato que ha recibido, una comunidad que desea ver cambios de fondo, una interferencia del poder.

Los tres por supuesto, responsabilizan a los demás de todas esas actitudes. Arturo García Canizales, quien de entrada niega ser el candidato de Carlos Felton es insistente en que deben terminar los tiempos pasados en que se perdió de vista la dignidad de la gente. También lo piensa Roberto González, quien cree que el partido debe ser independiente del gobierno para que pueda funcionar, sobre todo ahora que el gobierno está en manos de otros; Alejandro Camacho Mendoza también pugna por devolver la dignidad al militante y separar al partido del poder.

Al margen de los discursos, los acompañantes de las respectivas planillas son muy reveladores. Roberto González Gutiérrez va en fórmula con Sergio Rubio, quien fuera reiteradamente vocero de Alejandro Higuera; a García Canizales lo acompaña Jorge Gómezllanos, a quien de plano corrieron de la Jumapam, porque dejó de ser de las burbuja higuerista; con ellos está también Roberto Osuna El Zeus, coordinador de los regidores panistas, y operador de Carlos Felton. Con Camacho va Diana Rice Rodríguez, hija del exalcalde Humberto Rice García, entre varios otros.

Los tres consideran ser garantía para la unidad partidista, que se conseguiría, según sus respectivos cálculos, después de la elección, una vez que cada uno de ellos haya ganado el proceso.