EN LA GRILLA

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*Recortes: ¿arena para un enfrentamiento?

*Villarreal y Gerardo Vargas, contendientes

*Cada quien tiene el arranque que puede

FRANCISCO CHIQUETE

Hay quienes piensan que este año podría concretarse finalmente el enfrentamiento que se dibuja en el gobierno del estado prácticamente desde el arranque, cuando Armando Villarreal esperaba reducir la influencia de Gerardo Vargas Landeros  en el armado de los equipos, incluyendo en buena medida a los que tenían que ver con administración y finanzas, y cuando Vargas Landeros supervisaba cada decisión, amparado no sólo en su cercanía al gobernador, sino en su experiencia política, mucho mayor que la de su ocasional contrincante.

Ahora que el gobernador Mario López Valdez se ha manifestado dispuesto a llegar no sólo al recorte de gastos, sino de personal, se cree que Villarreal podría tomar ventajas al inducir acciones y decisiones que se ven con naturalidad para el secretario de Administración y Finanzas, pero que obviamente calarían en el aspecto político, por la inevitable afectación de grupos, corrientes y partidos que se van a resistir a la pérdida de posiciones, así sean de escasa relevancia.

Sin embargo, López Valdez parece tener a la mano el remedio eficaz para la materialización de ese enfrentamiento que en estos momentos sólo puede considerarse como una guerra de baja intensidad, en la que uno y otro bandos buscan avances de centímetros respecto de la ubicación de las trincheras enemigas, pero sin una declaratoria formal.

La salida a esto es el dictamen que entregará la Consultoría de Pedro Aspe Armella, el poderoso exsecretario de Hacienda y actual guía moral de equipo económico peñanietista, a quien se encargó el análisis de las finanzas del gobierno de Sinaloa y presentará el esquema que el gobierno debe seguir para salir adelante de un déficit pavoroso que de ninguna manera se soluciona con la aportación de mil millones de pesos que hizo Hacienda apenas en diciembre pasado.

Claro que hay algunas medidas importantes, como la concentración de la nómina del magisterio federalizado nuevamente en el gobierno federal. Con eso le quitan al estado –a los estados- una carga importante, pero no les regresan las fuertes cantidades que ya quedaron invertidas y que son parte importante, aunque no única, de este descalabro económico.

El hecho es que por muy fuertes que sean los secretarios, por muy en el ánimo que se encuentren, no podrán desviar las medidas correctivas para solventar este enfrentamiento, pues es mucho lo que está en juego. Así como a los municipios se les hizo la advertencia de que el año próximo no habrá más rescates, no más asignaciones extraordinarias, al propio estado le llegó muy claro el mensaje del que a la vez fue portador.

Aunque se demuestren los cientos o miles de millones que en Sinaloa se le metieron a la educación porque no alcanzaba lo enviado por la federación,. Ese dinero es como las oscuras golondrinas de Becquer, esas que no volverán.

Además los señores secretarios deben saber que la amarga medicina de los laboratorios Aspe-Armella generará por si misma algunos problemas en los que tendrán que aplicarse para evitar males mayores, y algunas reconsideraciones que van a ser tan dolorosas como las inyecciones de aceites que nuestros abuelos se prescribían a si mismos para estar en forma.

Es muy posible que en el esquema de rescate venga la fusión o desaparición de dependencias, con el consecuente recorte de personal, por lo menos el de confianza.

Esto por supuesto les va a pegar a los partidos representados o beneficiados con esas posiciones. Imagínese que en la SEP deban suprimirse los subsistemas de bachillerato, para dejar bajo un solo mando la coordinación de Cobaes y Conaleps, por citar un ejemplo chiquito ¿Se quedaría el PRD con los brazos cruzados? O que los Icatsin pasen directamente a depender de la Sepyc, en lugar de el cantón independiente sobre el que reina Audómar Ahumada Quintero.

Peor aún si se determina pasar a la Sedeshu programas de apoyos a pequeños empresarios y estímulos de fomento empresarial a grupos vulnerables. El PAN pondría el grito en el cielo, diciendo que le están restando facultades a la Sedeco, que es de ellos, para proyectar a un priísta.

Ya de por sí hay insatisfacción entre el propio Juan Ernesto Millán Pietsch y Karim Pechir Espinoza por la reducción drástica de los presupuestos que tienen asignados. En el caso del primero, significa dejar fuera de protección a grupos muy golpeados de la sociedad sinaloense, sin poder decir que tal o cual programa quedó fuera, porque eso no es políticamente correcto; el segundo, que ofrecía poner a Sinaloa por encima de los países de la OCDE en lo que se refiere a conectividad, se va a quedar con las ganas de hacer un buen balance final. Y eso que todavía no llegan los recortes ni las recomendaciones de reestructuración.

Por eso, en las entrevistas, el gobernador sigue siendo optimista con los grandes proyectos que Sinaloa tiene en marcha o en cartera, como los gasoductos, la reconstrucción del puerto de Mazatlán con la correspondiente activación del corredor económico del norte, la presa Santa María, la carretera a Parral y muchos otros que aparecen en los discursos, pero también hay una moderación que se refleja en el propósito de ir preparando una salida adecuada en el renglón administrativo y financiero, preocupación muy normal y entendible, excepto porque López Valdez está apenas en el arranque de su cuarto año de gobierno, el que se supone es el mejor de cada gobernador sinaloense, tanto por el asentamiento de su equipo como por la experiencia adquirida y por el hecho de empezar a trabajar con un presidente al que le atinó, que en este caso pasó también su año de tanteo y empezaría a desplegar sus potencialidades. Muy grande debe estar el boquete para que esta idea de finalización adecuada se abra paso entre tantos y tantos proyectos de primer nivel.

ANDANDO Y MEANDO,

PARA NO HACER HOYO

En las primeras acciones de su gobierno, Sergio Torres dio banderazo de diversas obras, modestas ciertamente, pero que ya muestran una idea clara y concreta de cómo va a trabajar. Se trata de acciones de drenaje y alumbrado público para tres pequeñas comunidades en las que se beneficia apenas a trescientos habitantes, pero que dan una muestra de dinamismo y de ideas específicas para realizar el trabajo que no puede esperar, toda vez que tres años se van volando.

Claro que Torres tiene años en esto. Ha sido diputado federal y local, ha sido funcionario municipal y dirigente de los trabajadores del ayuntamiento de Culiacán, de modo que su obligación más elemental es saber qué quiere hacer por la gente que lo votó, antes que ésta se decepcione y lo bote.

Pero hay muchos otros casos en los que la trayectoria no se ha reflejado, al menos en arranques de trienio.

El caso más fuerte que nos ha tocado presenciar es el de Humberto Rice García, quien primero colaboró con los gobiernos priístas teniendo bajo su responsabilidad la administración y operación de la Junta de Agua Potable de Mazatlán y luego se pasó a la militancia activa en el Partido Acción Nacional, donde construyó el fenómeno electoral más importante que había conocido el sur de Sinaloa.

La imposición ejercida por Antonio Toledo Corro, a la sazón gobernador del estado, le impidió llegar a la Presidencia Municipal en 1983. En 1985 perdió la diputación federal, pero llegó a la Cámara por la vía plurinominal, siempre con la mira puesta en la alcaldía, propósito que lo animó también mientras estuvo en el comité ejecutivo nacional panista y lo llevó a participar en la entonces Comisión Federal Electoral.

Por fon en 1989 volvió a ser candidato a alcalde y aunque oficialmente perdió la elección, una voltereta obligada a los resultados por parte del Consejo Municipal Electoral y en Cabildo, lo llevó a instalarse el primero de enero de 1990 en la Presidencia Municipal mazatleca.

Después de siete años de bregar por la política, de emprender el camino más duro en el periodo más duro, de obtener la voluntad presidencial –de un presidente priísta- para que llegara hasta ahí, Humberto Rice confesó en una entrevista que al sentarse ante el escritorio preguntó a quienes estaban ahí: “¿y ahora qué hacemos?

Salvo el caso de Culiacán, en los municipios sinaloenses estamos viendo a alcaldes que se pasean por las oficinas, que anuncian obras grandilocuentes (hasta un palacio municipal nuevo), pero ningún arranque de obra. Nada concreto, efectivo. Y eso que tuvieron desde julio para empezar a planear sus trienios y sus correspondientes arranques.

SERVICIOS PÚBLICOS:

PRUEBA NO SUPERADA

Carlos Felton sorprendió a los suyos con un recorrido por diversas áreas, recorrido no programado, en que vio y conoció realidades que seguramente sus antecesores no escucharon de manera directa y que rebatieron cuando alguien de las hizo llegar.

En la colonia Francisco Villa, Felton conoció la inconformidad de los vecinos porque no les habían recogido la basura y porque “cuando no se les paga, no la retiran”.

En realidad esto último no es del todo cierto, pero bien analizado, debe dar espacio para corregir algunas cosas. Los recolectores se llevan la basura que normalmente producen las casas, pero cuando hay una remodelación o trabajos de jardinería, no recogen los bultos. Tienen razón: eso no está incluido en el servicio, aunque cuando se les da una propina, sí acceden.

Es irregular, pero la gente no tiene alternativa. Cuando recortan un árbol, por ejemplo, no todos podrán ir a llevar las ramas al basurón. El que no convenza a los que traen el camión recolector, lo tirarán en algún canal o lote baldío, con consecuencias que a la larga serán graves. Falta evidentemente dar una solución a esos casos.

Pero el hecho es que Felton vio esas fallas, escuchó la explicación de la falta de camiones y dio a conocer sus propósitos de conseguir mas, pero la basura que ese día debió recogerse en la Pancho Villa y áreas contiguas, se quedó tirada en las calles, como se quedó durante todo el día el primero de enero.

Si el señor Julio Guerra Echeagaray no pudo armar un operativo de emergencia que le permitiera salir del apuro, o peor aún: si no consideró que la situación le significaba un apuro, es que no tiene una idea completa de la tarea que le asignaron, y no le va a ayudar adecuadamente al alcalde, ni mucho menos al municipio y sus habitantes.