EL TIEMPO ES ORO Y LO ESTAMOS MALGASTANDO.

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El tiempo es la sustancia de la que estoy hecho.
El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río;
es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre;
es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego.
El mundo desgraciadamente es real; yo desgraciadamente soy Borges.

Jorge Luis Borges
Nueva refutación del tiempo

EL TIEMPO ES ORO Y LO ESTAMOS MALGASTANDO.

Estamos hechos de tiempo, de esa materia cuyos soplos parecen circulares. Octavio Paz refutó con elegancia esta suposición: “Todo vuelve, pero no volvemos los mismos ni volvemos a lo mismo”. Sabia virtud de conocer el tiempo, cantaba Renato Leduc a dueto atemporal con José José. La eternidad no existe, todo es perecedero, porque tiempos traen tiempos, como reza un adagio polpular.

            Por ejemplo hoy nuestro espacio terrenal y mental se ha reducido y ampliado por la velocidad del tiempo, hemos empezado a vivir en tiempo real por la creación del ciberespacio. El tiempo ha cobrado ahora una celeridad que ha afectado nuestro tiempo hecho de siestas y de fiestas. El neotomismo se ha hecho girones, se ha convertido en un contratiempo.

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Y los que persisten en vivir en esa herrumbre, su reloj mental se hace trizas, pero en esa fragmentación todo cabe y nada cabe, y quizá por ello los más persistentes y “valientes” pueden convertise en “caudillos” -con máscaras de santos, héroes o genios- que lideran al a millones hombres y mujeres que también pretenden devolver el tiempo a su antiguo tiempo. En este nivel debe hablarse de tiempos, de confluencia de tiempos, de pluralidad de tiempos y de tiempos divergentes que se enfrental en el Tiempo, con mayúscula.

   La otra caracterítica es que ese pasado añorado aparece como opción de futuro, y sus valedores siempre urgentes, siempre rujientes, que no exigen que sus demandas se resuelvan para mañana, sino para ayer o anteayer generan en el proceso ingobernabilidad y desprecio por la democracia. Pero esta premura vestida de rabia nos hace perder el camino porque nuestros espacios están acotados por tiempos difíciles porque las soluciones están, por lo general, afuera de nuestras fronteras, y en la cuales pretende refugiarse del descontento, adjetivado como nacionalismo.

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En estás condiciones las democracias -o las aprendices de democracias- que suelen procesar lentamente las demandas de la sociedad por su división de poderes y el ruido normal de la sociedad civil -con el agravante  de que los gobiernos poseen recursos bastante escasos y acotados- estos regímenes suelen caer como un castillo de naipes en manos de sus “salvadores” en estos tiempos difíciles.

Y en este tiempo las democracias se encuentran hechas pedazos en el mundo, y en ese entorno los neoliberales y los populistas se desgarrran la vestiduras, aunque unos y otros tengan desgarrados a sus pueblos. Tal vez unos y otros comprendan que lo que requieren es salir de sus fronteras buscando y encontrando un acuerdo que ponga en su legar al capital finaciero; aunque este acuerdo sea ahora una quimera si vemos como se eriza el planeta por las acechanzas de los Le Pens, los Bonsanaros, los Trump y….