EL NEGRO EFECTO DE LA MARIPOSA NEGRA.

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ELIO EDGARDO MILLÁN V.

Hemos iniciado la aventura del siglo XXI con menos optimismo que con el que iniciaron el siglo XX nuestros abuelos y bisabuelos. La diferencia entre nuestros antepasados y nosotros, es que las certezas con las que construyeron el mundo, se nos han revelado evanescentes, como fuentes inagotables de incertidumbre.

En tal sentido, la inserción de las instituciones en el mundo es local y global (glocal). Están inmersas, para decirlo con Heráclito, en el mundo donde todo fluye y nada permanece estático. En efecto, nuestra nave espacial se ha convertido en un espacio fluido donde todo los sólido se desvanece en el aire: de ahí que esta época esté signada por una hermosa metáfora denominada “Efecto Mariposa”.

Con esta alegoría quiere significarse todas las relaciones, interacciones, retroacciones experimentan una permanente recursividad en todos los rincones del planeta, lamentablemente todavía asimétricas y muy peligrosas.

José Fernández Santillán expresa esta preocupación: “Es hora de poner a la política en el puesto de mando del proceso de globalización en su sentido más amplio: Hemos globalizado los mercados, el empleo, el crimen, las enfermedades y hasta el terrorismo, pero no hemos globalizado el concepto sociedad civil ni las instituciones democráticas ni el Estado de derecho”.

Este asunto adquiere hoy el calificativo de sombrío: las instituciones política diseñadas para operar fundamentalmente en los marcos nacionales, ahora son incapaces para controlar los flujos de flujos de todo tipo de mercaderías que circulan en el mercado global.

Este desfase ha creado un mundo fuera de orbita, como si fuese un mundo desbocado. En esta proverbial asimetría, particular relevancia adquieren, amén de otros aspectos, la profundidad y la extensión de las crisis económicas, generadas ahora por la pérdida de potestades de los Estados/nación.

En este principio de siglo, por tanto, es necesario re-pensar la realidad real, no precisadamente para hacer de él una nueva religión, sino generar el horizonte donde mundo pueda adquirir un rostro humano, en el que cohabiten todos los tiempos, a través de un presente fluido en el que se articulen de manera complementaria pasado y futuro, sin exclusiones ni opresiones y, por supuesto, sin la depredación del medio ambiente.

Pero para ello debemos trancender las viejas insituciones mundiales cuyos acuerdos nunca fueron vinculantes, a unas instituciones en las que sus resoluciones sean de caráster obligatorio. Para ello habrá que trabajar arduamente; porque hoy como ayer la disyuntiva parece ser democracia o marbaria. El mundo está desbocado y desbocándose