CULIACÁN.

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Luis Antonio Martínez Peña.

Este año de 2013 el festejo de la fundación de la Villa de San Miguel de Culiacán se vio empañado en su  482 aniversario  por una torrencial lluvia que causó crecientes de ríos, arroyos y anegamiento en las márgenes de sus ríos y partes bajas de la población. La tormenta tropical Manuel echó abajo un plan de celebraciones oficiales, pero dio paso a la manifestación vigorosa de un pueblo joven, solidario e inteligente, que sabrá sobreponerse a la adversidad. Las lluvias de la tormenta Manuel provocaron  una inundación tal como en el año de  1549  cuando:

 “Dios había enviado cierta tormenta de aguas y tempestades, que en la dicha provincia hubo, de anegar la villa de San Miguel”.

En homenaje por estos 482 años de existencia de Culiacán escribo esta breve semblanza para deleite e ilustración de todos los sinaloenses y de los amantes de la historia de esta tierra de los once ríos, e  infinidad de arroyos, lagunas costeras, playas, islas y serranías que conforman nuestro querido Sinaloa.

La conquista del noroeste de México en lo que se refiere al territorio que hoy conocemos como estado de Sinaloa le correspondió al Presidente de la Primera Real Audiencia de México, el muy magnífico señor Nuño de Guzmán.  Para llegar hasta acá había salido en 1529 de la ciudad de México y con su ejército había recorrido los territorios de Michoacán, Jalisco, las lagunas de Nayarit y zona costera de Sinaloa hasta llegar en marzo de 1531 a un punto que los indígenas aliados llamaron Huey Colhuacan o Culiacán, un topónimo de origen náhuatl. Que describe un paisaje e interpreta   las creencias y simbolismos arraigados en la cosmovisión de los grupos nahuas del altiplano.

Las crónicas españolas mencionan que en  las riberas de los ríos Tamazula y Humaya había un continuo de rancherías y aldeas de indios y en la confluencia de estos ríos rumbo a su desembocadura a la mar continuaban los pequeños asentamientos agrícolas,  en donde se reconocieron hasta doscientas poblaciones o aldehuelas y en la confluencia de aquellos ríos era donde se concentraba el grueso de barrios o pueblos donde se celebraban tianguis con el fin de intercambiar sus productos.

 La conquista militar de Culiacán se realizó en varios encuentros armados entre indios y españoles durante los días de la Semana Santa de 1531 y finalmente derrotados  los indios se dieron por subordinados. Ahí en ese sitio los españoles hicieron un campamento provisional y en pequeños grupos  exploraron al norte rumbo al Petatlán y al este rumbo a Topia y atravesaron la Sierra Madre Occidental. No encontrando cosa que valiera la pena los conquistadores decidieron consolidar lo ganada.  Pasaron la temporada de lluvias en Culiacán donde eran atendidos por los indios en sus necesidades  y Nuño de Guzmán ordenó al capitán Cristóbal de Oñate  encontrar un sitio llano, con abundancia de agua y tierras agrícolas para fundar una villa fronteriza en su Nuevo Reino de Galicia.

A finales de septiembre, vísperas del aniversario de San Miguel Arcángel,  día 29, los españoles escogieron  fundar la Villa de San Miguel, pero en el valle del río San Lorenzo o Cihuatlán, en el lugar donde hoy se encuentra el poblado de Quilá o San Lorenzo.  Ahí se asignaron como pobladores a españoles e indios aliados  y se repartieron terrenos para construir casas y sitios para ganado. También se hizo ceremonia de fundación y se repartieron pueblos de indios para que sirvieran a los pobladores de la villa. Nuño de Guzmán informó a la reina Juana que en la villa de San Miguel había nombrado como regidores a Pedro de Bobadilla, Juan de la Bastida,  Diego de Guzmán, Cristóbal de Tapia, Juan de Almesto y Diego de Rojas.

Los primeros tiempos fueron duros y a los pocos años los habitantes de la villa habían agobiado a los indios en la búsqueda de oro aluvial  y en las exploraciones  a las serranías donde se buscaban afanosamente minerales preciosos. Al tiempo encontrarán vetas de plata en Las Vírgenes de Cosalá y en otros realejos de la sierra, como San Hipólito, Carantapa y Las Vegas.

 Pero las lluvias y las inundaciones hacen de esta villa de San Miguel una entidad migrante, pues a los pocos años se cambiará de sitio a la desembocadura del río San Lorenzo y finalmente hacia el año de 1550 la villa de San Miguel se asentará en definitiva en un banco elevado en la confluencia de los ríos Tamazula y Humaya en vecindad con Culiacán de los indios.

Sabemos que fue en el año de 1550 porque existe una relación escrita por Francisco Hernández de Almendraleja, un enviado del visitador real Hernán Martínez de la Marcha, y en su relación de visita a Culiacán  informa que durante la temporada de lluvias de 1549:

“Dios había enviado cierta tormenta de aguas y tempestades, que en la dicha provincia hubo, de anegar la villa de San Miguel y los vecinos al momento de la visita estaban divididos entre trasladar o no el asiento de la villa”

 finalmente el cambio de lugar se hizo porque en la visita del Obispo de Nueva Galicia el Licenciado Don Alonso de la Mota y Escobar en 1605 se da por entendido  que la villa de San Miguel de Culiacán tiene como asiento la ribera del río Tamazula que los indios también llamaban Batacudea.