CON LA IGLESIA HEMOS TOPADO, AMIGO SANCHO

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ELIO EDGARDO MILLÁN VALDEZ.

De repente los infiernos del siglo XIX volvieron por sus fueros en este siglo XXI: La iglesia nos reclama que, si bien ya no es la dueña de vidas y haciendas, sigue teniendo el monopolio “legítimo” del espíritu de los mexicanos. Y lo cree así porque se le deja pontificar barbaridades, porque nuestros cultísimos políticos prefieren hacer de tripas corazón que perder el voto que la iglesia puede arrebatarles con sus descalificaciones.

Primero fue el asunto del aborto, hoy el es caso de los matrimonios homosexuales y su derecho a la adopción que la Suprema Corte de Justicia validó otorgándoles todos los derechos que cualquier matrimonio heterosexual posee por ministerio de ley. El clero más retrógrado, por voz del Cardenal Sandoval Íñiguez, ha condenado estas uniones con desplantes homofóbicos de la peor ralea, cuyo lenguaje semeja al de la Santa Inquisición.

 

UNA HISTORIA CON SABOR A PREHISTORIA.

La Biblia, en Génesis 1:27, enseña que Dios creó al ser humano «macho y hembra», no homosexual o lesbiana. La Biblia proclama la unión matrimonial entre hombre y mujer «en una sola carne» (Gn 2:24) y abierta a la vida (Gn 1:28). El homosexualismo no lleva a cabo ninguno de los valores inherentes a la sexualidad humana, que son la unión heterosexual y la procreación. A la luz de esta visión la iglesia condena las prácticas homosexuales, como un pecado grave. En levítico se dice al respecto:»No te echarás con varón como con mujer, es abominación» (Lv 18:22). La Biblia es santamente homofóbica, pero no sólo la Biblia…

El mismísimo Segismundo Freud, creador monumental del psicoanálisis, jamás entendió la homosexualidad como un asunto de la diversidad humana: la calificó como un caso de perversidad, entendiendo por perversidad una desviación de objeto sexual, e inclusive intentó la cura de esta “desviación” a través del método de asociaciones libres, como lo hicieron después de su muerte los innumerables discípulos que dejó regados por el mundo. Vale decir por lo demás que tampoco las psicologías rivales al freudismo han comprendido que los humanos somos por naturaleza polimorfos perversos. Aún no entienden que en la liza de la vida los humanos somos mucho más que dos…

IDEAS Y CREENCIAS.

También los laicos religiosos, no pocos de ellos con fructuosas carreras universitarias, son prisioneros de aquellos prejuicios: investidos por la doble moral, por lo general se pitorrean de los homosexuales al tiempo que esconden a su parentela gay en el closet de la ignominia con un dejo de desprecio y vergüenza, que los retrata como verdaderos patanes. Por cierto, no pocos padres de familia de esta extirpe suelen educar laicamente a sus hijos con una verba infumable: Hijo, te perdonaré que me salgas ladrón y hasta asesino, pero no marica; te juro que voy a matarte si me sales joto, hijuelachingada. Todos ellos suelen brillar por sus ideas, pero sus creencias devoran sus discursos ilustrados de café sin cafeína.

José Ortega y Gasset pinta de cuerpo entero la ambivalencia de nuestra ilustración criolla:“El continente de nuestras vidas no son las ideas que tenemos, sino las ideas que nos poseen, las creencias, (…) de las cuales no solemos tener conciencia, porque no las pensamos, sino que actúan de manera latente. Las ideas, en cambio, son aquellas que producimos, discutimos, que sostenemos, que propagamos, que combatimos por ellas y hasta podemos morir por ellas, pero lo que no podemos es vivir de ellas…”ii Si bien el pensamiento moderno ha reconocido las diferencias que nos constituyen como seres humanos, estas ideas se encuentran recubiertas por el denso reservorio de nuestras creencias cristianas que nos piensan sin pensarlas…

DE VUELTA A LA IGLESIA.

Las Iglesias, y sobre todo los curas reaccionarios, quedaron estacionados en una época en que el mundo fue configurado por el maniqueísmo, que pinta el mundo a través de pares irreductibles: bueno/malo, alto/bajo, hombre/mujer… Esta concepción simplista carecía y carece todavía de matices, porque en ella o se es lo uno o se es lo otro, pero jamás se es lo uno y lo otro. Pero junto a esta reducción, posee otra no menos lamentable: concibe la sexualidad como un aspecto de simple procreación, cuando la sexualidad humana ha trascendido a la animal, porque enlaza, a veces asincrónicamente, amor, el erotismo y el amor; procesos que por cierto trascienden las tradicionales relaciones hombre/mujer para desplegarse, con todo derecho, entre personas del mismo sexo. Véase Llama Doble de Octavio Paz.

Pero el pensamiento antediluviano de la iglesia tiene un antecedente que la descalifica para hablar de la sexualidad humana: el celibato. La historia de este monumento a la estulticia, del que los protestantes huyeron por salud mental, inició en el siglo XII, cuando el Papa Calixto II, en el Concilio de Letrán, decretó que los matrimonios en el clero no eran válidos. Y ya en el siglo XVI, en el Concilio de Trento, estableció que el celibato y la virginidad eran superiores al matrimonio. Y si bien es cierto que algunos sacerdotes alcanzan, poquísimos por cierto, algo parecido al orgasmo en su relación abstracta con Dios, ello no los autoriza, y menos a su burocracia que es legión, a pontificar sobre la sexualidad: ¿qué saben de este don tan nuestro quienes han renunciado públicamente a este prodigio; y digo públicamente porque en lo oscurito, por aquello de que agua que no corre tiene resumidero, muchos curas se enamoran, sino preguntémosle a mi generalísimo Morelos que, aparte de sus Sentimientos de la Nación, tenía también sentimientos carnales, como cualquier gañan en edad de merecer…

EXCOMUNIONES EXCOMULGADAS.

Un buen día, y qué día, con el horror de la iglesia y las pataletas de la ultraderecha, se aprobó, a través de la Asamblea del Distrito Federal, con 39 votos a favor y 20 en contra, la legalización de los matrimonios gay, en cuyo paquete se incluyeron derechos como la unión patrimonial para la obtención de créditos bancarios, herencia, acceder a beneficios del seguro social y la adopción de niños. Felicito a los defeños, a la Asamblea Legislativa, a la Suprema Corte y, por supuesto, a Marcelo Ebrard, que entendieron han por fin que todos somos iguales a los ojos de Dios; los felicito porque han comprendido que la diversidad ha llegado para quedarse, y para que no haya en este mundo matraca unos más iguales que otros, como dijera Orwell en su días.

El cardenal Sandoval Iñiguez montó en cólera por este “desliz republicano”, y tomó el camino del insulto y el denuesto. Este ínclito Cardenal afirmó que “había sido un error gravísimo el haber validado desde esa altura del Poder Judicial, como lo es la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el supuesto “matrimonio” entre personas de un mismo sexo; porque es un verdadero atentado contra la naturaleza humana; y además añade otro error al haber aprobado la adopción de infantes ese tipo de parejas, con lo cual ha consumado, por así decirlo, su traición a México, a la Familia y a la Ley Natural”. Álgame virgen, pero qué sabe el cardenal Sandoval Íñiguez de la naturaleza humana y no sé si también de sexo… Si el Cardenal se pareciera al Cristo de Elqui sería un cura a todo dar, pero lamentablemente ya no sería el Cardenal porque nos haría reír y llorar con sus sermones que huelen a naftalina y no pocos son pasto del comején.

SUMAS Y RESTAS.

A pesar de los juicios lapidarios del Cardenal, Marcelo Ebrard goza de Cabal salud. Es posible que la postura humanista de Ebrard le cueste perder algunos votos, pero su actitud es contrastante con la indignidad de Beatriz Paredes que, por andar buscando los votos de la ultraderecha, anduvo repartiendo maíz a los diputados de 16 estados con el objeto de que no fueran a tomar el ejemplo de la Asamblea legislativa del Distrito Federal que, en la víspera, había aprobado una modalidad relativamente moderada de aborto. Y la líder tricolor, que suele pronunciar encendidos discursos liberales, no solamente logró su propósito, logró también que algunas legislaturas penalizaran el aborto como delito grave.

Digamos finalmente que el aborto y los matrimonios gay ayudan más a las mujeres y a sus familias en este mundo que mil sermones para alcanzar el trasmundo. El aborto evita la muerte de muchas mujeres y la traída al mundo de hijos no deseados después de una noche de intercambios de polvos mágicos. Las uniones gay hacen visible y sujeta a derecho a una minoría que históricamente ha sido excluida y, con el tiempo, seguramente las familias extendidas de las que son parte, aceptarán a sus miembros homosexuales como seres absolutamente normales, porque harán extraño lo familiar y harán familiar lo extraño.

POSDATA: Desde esos días heroicos en el DF, los gay han ido ganando terreno bajo diferentes modalidades. Hoy se aceptan las “matrimonios” en Oaxaca, Baja California Sur, Campeche, Coahuila, Colima, Jalisco, Quintana Roo y muy pronto en Sinaloa. Vale decir que los estados y gobiernos que aún resisten esta ola que pugna por el reconocimiento de la diversidad sexual, reconocen por ministerio de ley las uniones gay.

 

i Esta frase no aparece como tal en la novela de Cervantes; la frase según los especialistas frase que se haya en El Quijote es la siguiente: Con la Iglesia hemos dado, amigo Sancho. ii Ortega y Gasset, José. Ideas y Creencias. Obra Completa. Volumen V. Pag. 65