SÓLO PARA PROFESORES Y FUTUROS PROFESORES.

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MARÍA MONTESORÍ..

María Montessori nació en Chiaravalle, Italia, en 31 de agosto de 1870. Cuando tenía 12 años, la familia se mudó a Roma para que la niña recibiera una educación más esmerada, como preparación para la carrera de maestra. Realizó estudios de medicina en la Universidad de Roma, convirtiéndose en la primera mujer médico de su país. Conoció las obras de Seguin sobre pedagogía que, junto con sus prácticas médicas, la condujeron a preguntarse cómo aprenden los niños. La respuesta a esta interrogación fue la siguiente: los saberes se construyen a partir de lo que existe en el ambiente.

En el año de 1902 inició estudios de pedagogía, psicología experimental y antropología. En esta travesía dicta varias conferencias sobre los métodos educativos para niños afectados por deficiencias mentales. En 1907, inaugura en el barrio romano de San Lorenzo, el primer hogar infantil, al que llamó Casa de Bambini. Dicha casa hogar se convierte en el origen del método educativo Montessori.

En 1911 deja la consulta médica y se dedica al trabajo pedagógico. En 1913 Alexander Graham Bell y su esposa Mabel, inauguran la Asociación Educativa Montessori en su hogar de Washington, DC. En 1915, capta la atención mundial con su trabajo La Casa de Cristal en el Panama-Pacific International Exhibition (San Francisco). En 1919, comienza una serie de cursos a los profesores en Londres. En 1922 fue nombrada inspectora de las escuelas en Italia. Durante el régimen de Benito Mussolini, Montessori, acusó públicamente la doctrina fascista de “formar a la juventud según sus moldes brutales.

Tras catorce años de exilio, regresó a Italia para reorganizar las escuelas e ingresar como docente a la Universidad de Roma. Montessori había comenzado su tarea en una de las comunidades más pobres de Roma; su propósito era mejorar la sociedad, partiendo del estrato más bajo del pueblo.

María Montessori falleció en 1952, en Noordwijk (Holanda) tras aportar al mundo de la pedagogía un nuevo método y el material didáctico que hoy es de gran ayuda en el período de formación preescolar. La nominan para el premio Nobel en tres oportunidades distintas: 1949, 1950, y 1951.

Aunque su práctica es el fruto de la observación y de la experiencia en lugar de derivarse de una teoría, el enfoque Montessori también tiene un fundamento teórico. Ciertamente nunca desarrolló su teoría en forma sistemática, pero sus observaciones condujeron al desarrollo de ideas y conceptos que tienen valor teórico. Precisamente por estar basado en observaciones sólidas, su trabajo ha superado la prueba del tiempo y sigue siendo pertinente en la actualidad (P. 63).

FILOSOFÍA Y TEORÍA

Montessori conocía muy bien los escritos de Rousseau, Froebel y Pestalozzi, y recibió la influencia de sus ideas. Reconocía que los seres humanos no eran como los demás animales; no nacen con características fijas, ni con instintos que determinen su conducta en una forma específica. Por el contrario, son potencialmente capaces de desarrollar muchos comportamientos diferentes, y de aprender a adaptarse a diversas circunstancias. Su comportamiento está menos determinado por la herencia y, por lo tanto, son más adaptables que las especies animales inferiores (P. 22).

En tal perspectiva, Montessori cree que el hombre en condiciones naturales apropiadas puede desarrollarse positivamente. Dejemos a nuestra educadora que nos lo diga: “El que el ambiente no logre proporcionar las condiciones apropiadas para el desarrollo de las actividades propias de estos períodos sensitivos conduce al retraso o inhibición del desarrollo del niño” (P. 25). A partir de este supuesto emergen dos directrices fundamentales: facilitar el desarrollo natural de los niños y, por ende, evitar que su aprendizaje ocurra por medios autoritarios. Sigamos a nuestro autor en este rubro:

Montessori no sostenía que el hombre fuera bueno o malo por naturaleza, sino solamente que la naturaleza sigue un orden establecido, que el desarrollo es un proceso que sigue ciertas leyes. La disciplina no se logra por la fuerza, por mandatos o por represión; era el resultado natural de estar los niños absortos en las actividades que tenían entre manos (P. 27).

Según nuestra educadora estas conclusiones las obtuvo a través de la observación: “(…) Montessori sacó de su experiencia que los métodos y prácticas educativos deberían derivarse de observar a los niños, y no de nociones preconcebidas acerca de su desarrollo. P. 26.

Períodos sensibles

Pero el desarrollo natural de los niños (y de las personas en general) no es como una cascada que boga de manera interrumpida. El desarrollo posee etapas, las cuales tienen que ser tomadas en cuenta por los educadores con el objeto de facilitar a los niños los materiales que les permitan su desarrollo natural. Montessori describe cinco períodos sensibles (P. 24).

El primer período aparece durante el primer año de edad y prolonga hasta el tercer año. Esta etapa se caracteriza por un interés muy intenso en el orden del ambiente. El niño cuya necesidad de orden no se satisface durante este período, encuentra muy difícil adaptarse posteriormente (P. 24).

El segundo período sensible se caracteriza por el desarrollo del andar. El impedir que ande el niño cuando está listo naturalmente para ello, hace más difícil el proceso posterior (P. 24).

El tercer período sensible es el del desarrollo del lenguaje que empieza durante el segundo año. Este proceso incluye la exploración del ambiente por medio de la lengua y de las manos; por medio del gusto y del tacto. Puede suceder que el adulto nunca llegue a aprender a hablar la nueva lengua como un nativo, pero los niños aprender su lengua nativa sin ningún acento que no sea el natural (P. 24).

El cuarto período se caracteriza por el interés y la atención a objetos pequeños. Los niños manipulan cuentas, granos, piedrecillas, insectos, etc. (P. 24).

El quinto es el período del desarrollo del interés social. Se manifiesta primero por la conciencia que adquiere el niño de la presencia de otras personas, luego por su interacción y relación con ellas, seguido por la comprensión y el respeto a los derechos de los demás (P. 24).

Ante los cruces de períodos que manifiesta la exposición, el autor nos aclara: “Aun cuando parece que los períodos sensibles se suceden unos a otros, existe en realidad una sobreposición muy considerable” (P. 25).

Nuestra educadora nos dice que es inexcusable que el niño aprenda todo lo que corresponde a cada etapa. Que no debe pretenderse “acelerar” y mucho menos retrasar los períodos a los niños, porque puede dificultarles el aprendizaje que por naturaleza están destinados a aprender. Particularmente es importante su prescripción en lo que toca a la lecto-escritura: “Mientras que los niños de seis años necesitan por lo menos dos años para aprender a escribir, haciéndolo con mucha dificultad y contra la naturaleza, los niños de cuatro años aprenden este lenguaje en unos cuantos meses y con entusiasmo” (P. 25).

Y como siempre ocurre, sobre todo ahora que el jardín de niños nos es tan familiar, “Los educadores de su tiempo no acababan de creer el descubrimiento de Montessori. Opinaron que a los niños más pequeños había que ahorrarles “el trabajo penoso del estudio intelectual”. Si en el caso de los niños mayores se advertía tensión y resistencia, decían los educadores, sería indeseable “obligar” a los niños más pequeños a emprender la escritura y la lectura” (P. 25).

 

La observación como base para la práctica

La educación –insistía Montessori- tiene que basarse en las leyes del desarrollo natural del niño. Estaba convencida de que el impulso subconsciente durante el período de crecimiento lo impele a realizar su propio crecimiento. El niño es enormemente feliz cuando se le da simplemente la oportunidad de hacer esto. El mundo externo tiene valor sólo en cuanto ofrece los medios necesarios para alcanzar la meta establecida por la naturaleza (P. 26).

A partir de esta premisa, el autor describe un giro que tiene que ver con su propuesta educativa, según la cual“El ambiente tiene que proporcionar las oportunidades para el desarrollo, si es que se quiere que se desarrollen los potenciales del niño. Se puede introducir una intervención indirecta para facilitar el desarrollo natural” (P. 26).

Y luego otro giro que complementa el anterior: “Los niños se absorben en un proceso, mientras que los adultos se fijan en el resultado final de un proyecto. A diferencia de los que creían que los niños deberían jugar (es decir, emprender una actividad inútil), Montessori estaba convencida de que el niño necesita trabajar, emprender una actividad significativa, constructiva y creadora, utilizando y desarrollando sus capacidades” (P. 27).

Como corolario una disertación sobre la motivación: “Los niños no tienen que ser motivados, ni con la manzana ni con el palo, pues sus actividades les proporcionan placer y satisfacción intrínsecos. Los niños se construyen a sí mismos, o emprenden su propia construcción (P. 28).

Implícita en esta actitud de respeto está la aceptación de los niños tal como son: confianza en su habilidad para desarrollarse, y la paciencia para permitirles que logren este desarrollo; con ayuda y sugerencias, cuando ellos lo pidan o cuando obviamente lo necesiten, pero sin ningún control ni dirección rigurosos de sus experiencias de aprendizaje. (Pp. 28-29).

Tal era su fe en el desarrollo natural del niño, que Montessori escribió “Las Casas de Niños eliminaron a la maestra a la antigua, la cual se agotaba imponiendo disciplina e inmovilidad, y desperdiciaba su aliento en discursos sonoros y constantes… En lugar de esta maestra, hemos introducido material didáctico, el cual contiene en sí mismo el control de errores y hace posible la autoeducación para cada niño” (P. 38).

Fundamentales para el método Montessori, son el respeto a los niños, la confianza en su habilidad para crecer y desarrollarse mediante el uso del ambiente, y la paciencia para dejarlos que progresen a su propio tiempo y ritmo (P. 46).

 

 

La maestra en la escuela Montessori

La maestra dirige las actividades espontáneas del niño por caminos constructivos; guiar sería tal vez un término mejor que dirigir. Porque la maestra no es el centro de la clase ni de las actividades del niño; no todos los niños se ocupan en la misma actividad al mismo tiempo. Cada niño es libre para escoger la actividad y los materiales con que quiera trabajar, dentro de los límites de su nivel de experiencia o de conocimientos. Sin embargo, si cuando se guía al niño al siguiente paso o nivel, no se interesa por dicho paso, la maestra no se le impone, sino que pasa a otra cosa para no dar ocasión de que el niño se sienta un fracasado (P. 46).

Aun cuando los niños pasan buena parte de su tiempo en actividades individuales, también hay momentos en los que la maestra trabaja con grupos. La educación no se logra escuchando palabras; se logra mediante la actividad sobre el ambiente. Según Montessori las metas de las maestras, son las siguientes: el desarrollo de un sentido de sí de los niños, que puede ser resumido como competencia, independencia y responsabilidad. La primera tarea del educador es estimular la vida; dejándola luego libre para que se desarrolle, para que se desenvuelva (P. 47).

 

VETE LEYENDO

Kilpatrick criticó, según el autor, a Montessori, a pesar de que sus ideas eran en el fondo similares al modelo de educación progresista norteamericano, a que estaba inscrito su detractor. En esta crítica Kilpatrick situó a Montessori en abierto desacuerdo con John Dewey. Veamos en qué aspectos

Aunque Kilpatrick criticaba a Montessori por su desconocimiento de la ciencia, en especial de la psicología; sus críticas se concentraron esencialmente en cinco áreas:

1. La doctrina de que la educación debía ser considerada como algo que nace de adentro, no era nueva, ya la habían propuesto Rousseau y otros educadores. Aun cuando tiene cierto valor, es incompleta y ofrece cierto peligro. Es incompleta porque la educación es el desarrollo más amplio posible del individuo, y esto requiere respetar como dirigir su desarrollo.

Nota del autor:

Kilpatrick creyó que Montessori hizo suya la doctrina de que el desarrollo era un simple desenvolvimiento de lo que ya está presente en el niño, sin ninguna dirección o asistencia extraña, obviamente éste no es el caso; Montessori procuraba proporcionar un ambiente que sirviera y facilitara el desarrollo del niño, cuando éste estaba listo para utilizar lo que se le ofrecía. (P. 55).

2. Criticó a Montessori por no crear un ambiente condicionado socialmente, que condujera al desarrollo de la cooperación de grupo entre los niños.

Nota del autor: La socialización en la escuela Montessori se desarrollaba en el niño por medio de la interacción natural con otros niños, y no en la forma organizada y forzada de las escuelas estadounidenses.

3. Libertad sin autoexpresión es una contradicción en términos, pues los materiales didácticos de Montessori no son lo suficientemente variados para facilitar la expresión de sí mismo, al ofrecer una dieta raquítica, especialmente porque los niños no pueden jugar con ellos.

Nota del autor: Contrario a la afirmación de Kilpatrick de que el niño de la escuela de Montessori casi nunca juega, la lectura de los escritos de Montessori indican claramente que había mucho juego de por medio. Montessori demostró que los niños podían aprender y que lo hacían con gusto, es decir, que el trabajo (según lo definen los adultos) era un juego.

4. La crítica más devastadora gira alrededor del uso de materiales didácticos para la capacitación de los sentidos. La discriminación tiene que aprenderse en las circunstancias específicas; y este aprendizaje para todo lo necesario se lleva a cabo en el transcurso de la experiencia normal.

Nota de la autor: Montessori reconoció en el niño una etapa de desarrollo que no había sido destacada adecuadamente, y procedió a proporcionar al niño la asistencia que necesitaba para el desarrollo de su aprendizaje sensorial.

 

5. No le dio ninguna importancia al éxito que Montessori había tenido en la enseñanza de la lectura a una edad muy temprana, afirmando que ello era posible debido a la naturaleza fonética de la lengua italiana.

Nota del autor: El método sigue siendo eficaz cuando lo aplican las maestras Montessori debidamente preparadas.

PARA EMPEZAR LA DISCUSIÓN…

ALGUNAS PREGUNTAS.

1.- ¿Por qué se cree que María Montessori es heredera de Rousseau?

2.- ¿Por qué se afirma que el proyecto educativo de Montessori corresponde al naturalismo pedagógico?

3.- ¿En que consiste esencialmente el proyecto educativo de la educadora italiana?

4.- ¿Qué tan distante está este proyecto de nuestro sistema educativo?

5.- ¿Cuál de la críticas de Kilpatrick a Montessori consideras correcta.

6.- ¿Qué aspectos de la teoría Montessori pueden ponerse la servicio de una teoría de la enseñanza?