Pierden todos con el rechazo a los matrimonios igualitarios

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Francisco Chiquete

El rechazo al matrimonio igualitario en Sinaloa es uno de esos casos en que pierden todos.

Los casamientos entre personas del mismo sexo son asunto juzgado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación y sólo es cuestión de procedimientos para que tenga vigencia en todo el país. En ello ha faltado inteligencia o voluntad, como veremos más adelante.

La noticia del rechazo ocurrido hoy en el Congreso Sinaloense fue publicada en los medios nacionales en un tono de “¿qué más podía esperarse de un estado bronco?”.

Los partidos todos, revolvieron la política con la religión y ahí se quedaron enredados, aunque por supuesto, pierden más quienes tienen más.

Morena por ejemplo, vio consolidarse la fractura interna. Dieciocho votos permanecieron firmes, pero los  de seis de sus compañeros, dos de sus socios electorales y una más que se rajó, hacen ver que los fracasos anteriores no fueron casuales ni de momento.

A la luz de esto último, uno se pregunta cuál era el caso de subir la propuesta de matrimonio igualitario a sabiendas de que no puedes garantizar la mayoría que saque el tema adelante.

Se dice mucho que la diputada Graciela Domínguez es muy dada a establecer lo que debe hacerse sin generar los consensos necesarios ejerciendo la tradicional verticalidad de las organizaciones de izquierda y atenida a la justicia de la causa.

Y para demostrarnos que no sólo es cosa de doña Graciela, la diputada federal Merary Villegas anunció que aquellos diputados que votaron en contra podrían ser expulsados de Morena.

Es increíble que a estas alturas, los partidos no terminen de entender que pasada la elección, los diputados deben representar a la sociedad, y no sólo a la línea partidista. En este caso de los matrimonios igualitarios, por más justos que nos resulten, hay una buena parte de la sociedad que no los acepta e influye sobre las decisiones de quienes están pensando en la próxima elección.

Tanto así, que la más vociferante de las diputadas que llegaron en el tsunami lópezobradorista, Karla Montero, prefirió no asistir, pues cualquiera que hubiese sido el sentido de su voto, la habría hecho quedar mal con alguno de sus grupos de interés.

Casi al momento de la votación, una acendrada simpatizante de Morena manifestó su indignación posteando “retrógradas, pero ya se los vamos a cobrar en las urnas”. ¿La advertencia iría también contra la tercera parte de Morena y socios electorales que votaron en contra? ¿O contra quienes se lanzaron a la aventura aprobatoria sin hacer los amarres elementales?

Decíamos líneas arriba que los matrimonios igualitarios no se han resuelto en Sinaloa por falta de voluntad o inteligencia.

En 2015, la Suprema Corte declaró inconstitucionales las leyes estatales que establecían al matrimonio como vía para la procreación, y lo hizo con amparos emitidos contra las leyes de Oaxaca y Sinaloa.

De acuerdo con estudios realizados al respecto, los sinaloenses interesados sólo tenían que sumar otro amparo a los dos ya ganados (otro estudio dice que se debe llegar a cinco) para que en automático, la entidad se vea obligada a aceptar esa figura jurídica.

¿Porqué no lo han intentado quienes empujan este movimiento? La única respuesta posible es que hubiese un interés de militancia partidista. Que fuese un partido el que se colgara la medalla, Morena en este caso. Pero no les alcanzó.

El PRI y el PAN perdieron también, por supuesto, aunque de momento tengan el favor de los grupos que encarnaron la oposición al cambio legal, no es bastante para garantizarles resultados electorales. Hay que recordar la reciente elección para jefe de gobierno en la Ciudad de México. El candidato del PRI Mikel Arreola levantó grandes polvaredas con sus posiciones contra el aborto y el matrimonio igualitario, y sin embargo no pudo levantar la escasa votación del tricolor.

Y de Acción Nacional ni qué decir. El coordinador de sus dos diputados, Jorge Villalobos, intentó apantallar con un discurso sobre el valor de la familia y lo pararon con un recordatorio de su estancia en aquella bacanal de diputados federales panistas en que se inmortalizó su grito de “¡Montana!”.