DE LOS SIETE HIJOS DE MARX: SÓLO SOBREVIERON JENNY, LAURA Y ELEANOR, PERO TUVIERON UN FINAL TRÁGICO.

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«Si tuviese que empezar de nuevo, Marx declaró, hubiese elegido la misma vida de un revolucionario, pero no se hubiese casado: su esposa Johanna Bertha Julie von Westphalen, sufrió demasiado y le angustiaba que sus hijas se expusieran a la misma suerte», escribió Victor G. Kiernan, quien fue profesor emérito de Historia de la Universidad de Edimburgo, en un artículo sobre las hermanas publicado en 1982 en la revista London Review of Books. (BBC News Mundo. Margarita Rodríguez. 18/ 07 2020)

«Había mala salud en la familia», señaló el destacado historiador británico. Dos de las hijas sufrían de insomnio, «entre otras dolencias». Hubo un período en el que los Marx vivieron en una pobreza angustiante. El profesor Aragüés recuerda que en Londres, cuando murió uno de los hijos, la familia no tenía dinero para comprar el ataúd. «Jenny, desesperada, le pidió a un vecino francés dinero prestado para poder enterrar a su hijo», indica el docente, aunque años después fue apoyado financieramente por su compañero de lucha: Federico Engels (Id).

II

Pero lo que es menos conocido es que quizás nada de eso hubiera ocurrido si Marx no hubiese conocido a Johanna Bertha Julie von Westphalen, su esposa durante 38 años. Jenny -como la llamaban todos- podía hacer algo que nadie más podía: ¡entender la letra de su marido! Y es que la caligrafía de Marx era famosamente mala, tanto así que resultaba indescifrable para muchos editores. Sólo su esposa Jenny -como la llamaban todos- podía hacer algo que nadie más podía: ¡Entender la letra de su marido! Con mucha paciencia Jenny pasaba a limpio muchos de sus manuscritos. Pero también fue una escritora y pensadora política con mérito propio (ID).

Sus hijas desempeñaron la labor de acopio de información y de traducción de sus obras, que escribió principalmente en alemán. «Era como una empresa colectiva. Eran conscientes de que había un trabajo teórico y político que hacer y ellas lo desempeñaban», señala el docente. «Pero no se trata de un papel secundario de apoyar al padre, sino que en las tres encontramos una dimensión propia». La impresión que quedó de este trabajo en familia, es que Marx fue un padre devoto y muy cercano a sus hijas», señala Leopold, quien es autor de The Young Karl Marx, «El joven Karl Marx». (Id)

III

Las hijas y además compañeras de ideas de Marx, tuvieron un final trágico. Jenny, la mayor, nació en 1844. Desde niña fue muy frágil por su mala salud. Se casó con el activista francés Charles Longuet en 1872. Como sus padres, la pareja enfrentó problemas financieros, pero con el tiempo logró estabilizarse. La muerte de dos de sus seis hijos, cuando eran pequeños, empeoró su estado de salud y gente que la conoció dijo que fue a partir de esos trágicos suceso perdió el deseo de vivir. Algunos autores, como Gareth Stedman Jones, profesor de Historia de las Ideas en la Universidad Queen Mary, creen que Jenny llegó a ser «la hija favorita de Marx (Id)

De acuerdo con Saul Padover, autor del libro Karl Marx: An Intimate Biography («Karl Marx: una biografía íntima»), en septiembre de 1882, Jenny dio a luz a su única hija. Cuatro meses después, a la edad de 38 años, moriría de cáncer de vejiga en Francia, donde se había radicado con su familia. Karl Marx se encontraba muy enfermo en Londres y no pudo viajar para el funeral. Dos meses después, el gran filósofo del comunismo también fallecería (Id).

IV
Tras la muerte de Karl Marx, su hija menor, Eleanor, se había enamorado perdidamente de un científico y revolucionario llamado Edward Aveling. Mantuvieron una relación durante más de 10 años, pero en el verano previo a su muerte, Aveling la había abandonado por una joven actriz con quien se casó. Esa traición fue un golpe durísimo. Se cree que cuando Aveling salió del lugar, Eleanor decidió terminar con su vida (Id).

El 31 de marzo de 1898, Eleanor subió a su habitación, se tomó una dosis de ácido prúsico y se acostó, dejando una nota escrita: «Querido, muy pronto habrá terminado todo. Mi última palabra para ti es la misma que he dicho durante todos estos largos y tristes años, amor».. Pese a que es imposible determinar con precisión qué ocurrió ese jueves en esa casa londinense, trascendió que Eleanor le había pedido a su empleada que fuera a la farmacia con un papel dentro de un sobre a buscar y comprar el veneno que le quitaría la vida (Id).

V

Laura, la del medio. El 25 de noviembre de 1911, la segunda hija de Karl Marx, Laura, salió a dar un paseo por París con su esposo Paul Lafargue. «Van al cine, se compran un dulce en una pastelería, caminan y cuando regresan a su casa, se suicidan», le cuenta a BBC Mundo Juan Manuel Aragüés, profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad de Zaragoza. «Habían planificado al milímetro su decisión de suicidarse». Paúl Lafargue dejó escrito el motivo de sus decisón: «Estando sano de cuerpo y espíritu, me quito la vida antes de que la despiadada vejez, que me ha arrebatado los placeres y las alegrías uno tras otro, y que me ha estado despojando de mis fuerzas físicas e intelectuales, pueda paralizar mi energía y quebrar mi voluntad, haciéndome una carga para mí y los demás» (Id).

Incluso, como narra el periodista de BBC Mundo Lioman Lima, «antes de entrar en su habitación, Paul y Laura dejaron comida y agua para varios días para su perro, Nino». Llevaban casados más de 40 años y se cree que la decisión de acabar con sus vidas la habían tomado mucho tiempo antes, al parecer, por el temor a una vejez limitante. Sus vidas, especialmente la de Laura, habían quedado dramáticamente marcadas por la muerte de sus tres hijos, quienes fallecieron siendo muy pequeños. Laura tenía 66 años y su esposo, 69, cuando le dejaron su suerte al ácido de cianuro. Su entierro en París se convirtió en una manifestación política a la que asistieron figuras como Vladimir Lenin (Id).