CARA O CRUZ

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DE LA GUERRA FRÍA A LA GUERRA HÍBRIDA

Vivimos tiempos difíciles, por no decir caóticos y más aún terroríficos. Puede afirmarse, no sin cierta fundamentación, que los avances avances armamentísticos constituyen un factor tradicional de los conflictos armados llevados a cabo por el homo sapiens: desde el arco y la flecha a los misiles intercontinentales, desde las trincheras a los satélites espaciales. La historia de la humanidad está marcada por la aparición de nuevos tipos de armas y métodos de combate y su intento de regulación y limitación a través de normas apropiadas. Desde este desarrollo mortífero, hemos arribado a la llamada guerra híbrida.

La guerra híbrida es un tipo de conflicto que une fuerzas regulares e irregulares, desinformación y una aparatosa presencia militar en una ofensiva limitada que hoy libran, genéricamente, Rusia, China, Estados Unidos y Unión Europea. Esta nueva especie de guerra está definida por el hecho de que no hay una distinción real entre la guerra y la paz. Los conflictos híbridos implican esfuerzos a diferentes niveles con el objetivo de desestabilizar los Estados y provocar una polarización de las sociedades, en los días que corren Venezuela en un ejemplo de este tipo de conflagración.

Javier Candau, jefe del departamento de Ciberseguridad de Estados Unidos, describe la guerra híbrida como la “operación dirigida por un Estado que utiliza tácticas abiertas y encubiertas con el objetivo de desestabilizar y polarizar a la población civil de los estados satélites. Incluye una gran variedad de herramientas como la diplomacia, las acciones de inteligencia tradicionales, actos subversivos y de sabotaje, influencia política y económica, instrumentalización del crimen organizado, operaciones psicológicas, propaganda, desinformación y ciberataques”.

En tal perspectiva perspectiva, no cabe duda que los rápidos logros alcanzados por la llamada Era de la Información han favorecido el surgimiento y consolidación del ciberespacio como un fenómeno multidimensional y transformador, no sólo de las relaciones internacionales políticas y económicas, sino también de las militares; de tal manera que su uso hostil ha venido a ocupar un lugar destacado entre las preocupaciones de seguridad no sólo de los gobiernos, sino también de particulares, empresas y otros actores internacionales.

La Alianza Occidental se toma muy en serio lo que percibe como una nueva amenaza rusa y/o China, que actualmente desafían sobre todo el poderío norteamericano. Esta creando una fuerza de acción inmediata para incrementar la protección de Europa del Este. Mientras tanto esta organización ha reforzado su presencia con tropas y equipos militares en la región: el Reino Unido, por ejemplo, acaba de realizar maniobras en Polonia y desde enero, EE UU tiene desplegados 50 carros blindados Abrams y Bradley en suelo alemán, un territorio que abandonó en abril de 2013 cuando el último tanque estadounidense, vestigio de la Guerra Fría, salió del país.

Ante los esfuerzos de la Alianza Atlántica, John Kerry, Secretario de Estados Estadounidense, en su visita a Bruselas, advirtió a los países miembros de la OTAN: “La defensa no puede ser barata en el siglo XXI”. Todos los países miembros deben incrementar su presupuesto al 2% de su PIB”; pero los europeos siguen dejando que EE UU pague la mayor parte de la factura.

PD. No obstante la Alianza quiere mirar un más lejos aún, a Georgia, Moldavia e incluso a China, embarcada en su propia guerra híbrida con plataformas petrolíferas construidas en zonas en disputa, barcos que disparan contra navíos vietnamitas y con una ofensiva a la conquista de mercados. “Pekín lo llama la guerra irrestricta”, dice Arteaga. “Ellos tienen paciencia estratégica y nosotros, no”.
Notas
Esteban Villarejo. Cecilia Ballesteros. Javier Jordán. Roberto Wilkie. Carlos Galán. Wikipedia