Pacific Pearl entrega su memoria a Mazatlán: un legado para todos

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Desde 1992, Pacific Pearl ha sido testigo cercano —y muchas veces entrañable— de la vida cotidiana de Mazatlán. A lo largo de más de tres décadas, sus páginas han resguardado historias contadas desde una mirada distinta: la de la comunidad extranjera que eligió este puerto como hogar, refugio e inspiración.

Hoy, esa memoria cambia de manos para permanecer para siempre. Pacific Pearl donó la totalidad de su hemeroteca —desde su fundación en 1992 hasta la actualidad— al Archivo Municipal de Mazatlán, con un propósito profundamente humano: que cualquier ciudadano, tanto nacional como extranjero, pueda acceder libremente a estos archivos y reencontrarse con la historia de la ciudad a través de otros ojos.

La decisión nace del deseo de compartir la memoria, no de guardarla. De abrir el pasado para que nuevas generaciones —investigadores, estudiantes, lectores curiosos o simples amantes de Mazatlán— puedan recorrer los años y sentir cómo la ciudad se transformó, creció y se soñó desde las voces de escritores extranjeros que también aprendieron a llamarla casa.

Antes de la entrega, los archivos fueron revisados uno a uno. Hubo silencios largos, sonrisas inesperadas y una inevitable nostalgia. Entre páginas amarillentas aparecieron negocios que ya no existen, personas que ya no están, y nombres de quienes en su momento aportaron su talento, su tiempo y su voz a este periódico. Fue imposible no recordar al fundador, Mike Veselik, cuya visión original sigue latiendo en cada edición: mirar Mazatlán con asombro, respeto y profundo cariño.

El proyecto, sin embargo, sigue vivo. Cambia de manos, se renueva y evoluciona, pero conserva su esencia. Hoy, Pacific Pearl continúa su camino bajo la dirección de Mahatma Millán Gamiño, acompañado por Karla Ureta, social media manager del proyecto, y Silvia Mora, una pieza fundamental con 15 años de entrega, amor y compromiso sensible con este periódico que siente como propio.

El acto de donación estuvo acompañado por miradas que entienden el peso de la historia. El cronista de la ciudad, Enrique Vega, fue testigo de este momento, así como Leopoldo Butter, quien recibió oficialmente el acervo en nombre del Archivo Histórico Municipal de Mazatlán, garantizando su preservación y acceso público.

Esta donación no representa un cierre, sino una apertura. Es reconocer que la memoria no pertenece a un medio, sino a la ciudad; que las historias cobran sentido cuando se comparten; y que Mazatlán, visto a través de los ojos de quienes llegaron de lejos y aprendieron a amarlo, merece quedar resguardado para siempre.

Porque los periódicos pasan, las generaciones cambian, pero la historia —cuando se cuida— permanece.