Ocean Rodríguez avanza en la creación de las carrozas reales

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Mazatlán, Sinaloa, 27 de enero de 2026.-

En cada edición, el desfile del carnaval se convierte en un relato colectivo donde la ciudad entera se reconoce a sí misma. En ese entramado de música, color y memoria, el trabajo de Ocean Rodríguez ocupa un lugar fundamental, el de transformar emociones en forma, sonido en escultura y tradición en monumentos en movimiento, este año crea y construye cuatro carrozas reales: La de la Reina, Reina de los Juegos Florales, Reina Infantil y Rey de la Alegría del Carnaval Internacional Mazatlán 2026 ¡Arriba la Tambora!.

Para Ocean, volver al Carnaval de Mazatlán es un regreso íntimo a la infancia, a la calle, al asombro. Es un acto de gratitud: devolverle a la ciudad todo aquello que lo formó como creador y como ser humano.

“Crecí con esta fiesta”, dice. Y esa frase resume una vida entera de observación, respeto y compromiso con una de las tradiciones más profundas del puerto.

Artefacto: el corazón colectivo del carro alegórico

Detrás de cada carro hay un ejército silencioso. Artefacto, el equipo que acompaña a Ocean Rodríguez, es una comunidad creativa donde convergen oficios, pasiones y procedencias distintas.

Hay gente de Mazatlán, profundamente arraigada a la tradición, y también colaboradores que llegan desde otros lugares, como la Ciudad de México. Pero todos, dice Ocean, terminan enamorándose del carnaval. Entienden que no es un trabajo cualquiera: aquí hay que poner cuerpo, tiempo y corazón.

Pintores, carpinteros, escultores, constructores, especialistas en acabados, en diamantina, en estructura. Incluso quienes trabajan desde la oficina y la administración forman parte del proceso. Directa o indirectamente, un solo carro puede involucrar hasta cien personas.

El sacrificio es real. El cansancio, también. Pero cuando el proceso creativo concluye, la obra se vuelve colectiva.

Ocean lo resume así: todos se convierten en un ejército que lucha por alcanzar un objetivo monumental. Y cuando lo logran, el brillo no es solo visual: es emocional.

La música sinaloense como arte mayor

En la mirada de Ocean, la música de banda ocupa un sitio que exige respeto absoluto. No se trata solo de un género popular: es una forma orquestal compleja, con disciplina, estudio y técnica. Detrás de cada tuba, cada clarinete y cada tambor hay años de formación que muchas veces pasan inadvertidos.

Por eso, en su propuesta para el carnaval, la música no acompaña al diseño: lo origina.

La tambora, los instrumentos de viento, los sonidos que definen a Sinaloa y a Mazatlán se traducen en volumen, proporción y estructura. Las esculturas no ilustran la música; la representan. La elevan al plano visual con un lenguaje clásico, monumental, digno de cualquier bella arte.

Ocean Rodríguez reconoce la importancia de las escuelas, de los espacios formativos y de las generaciones de músicos que han nutrido la historia del carnaval. Desde esa conciencia, cada carro alegórico se concibe como un homenaje: a los músicos, a las orquestas, a las bandas y a la memoria sonora del puerto.
El viento, el mar y el movimiento

Hay un elemento constante en su discurso creativo: el viento. El mismo que atraviesa el malecón, que mueve el cabello, las telas, las serpentinas. Para Ocean, el viento también es música. Y el ritmo de las olas del mar dialoga naturalmente con el compás de la banda.

Sus carros buscan eso: latir al ritmo de Mazatlán. Que el público sienta la música incluso cuando no suena, que reconozca el golpe de la tuba, el eco del tambor, la cadencia del mar en el desplazamiento de las esculturas.

El carro alegórico no es un objeto estático: es una pieza viva que avanza, respira y conversa con su entorno.

Evolución creativa y responsabilidad simbólica

Desde 2019, durante el Carnaval de Mazatlán, el trabajo de Ocean ha sido admirado por locales y visitantes. Sin embargo, su evolución no responde al aplauso, sino a la experiencia.
Hoy entiende que el carro alegórico no existe para imponerse, sino para convivir con las reinas, los reyes, los cortejos, el vestuario y el público. El diseño debe dialogar, no eclipsar.

Esa madurez se traduce en una exigencia personal cada vez mayor. Cada nuevo carro es un reto total: Ocean “avienta toda la carne al asador”, sin miedo a que la vara quede demasiado alta, porque concibe el carnaval como un proceso de evolución constante.

Cada escultura rinde homenaje a quienes construyeron antes, a quienes trabajan hoy y a quienes miran desde la calle. Nada es gratuito. Todo tiene memoria.

 

Alegría: la palabra que lo explica todo

Cuando se le pregunta qué le gustaría que el público sienta al ver pasar sus carros, Ocean propone un ejercicio sencillo y profundo: cerrar los ojos y volver a la infancia. Recordar el primer carnaval.

Si tuviera que definir esa imagen con una sola palabra, no duda: Alegría.

Para Ocean, el carnaval es el gran punto de encuentro social. Donde ricos y pobres, niños y adultos, locales y visitantes se reconocen iguales. Todo remite a la alegría: la reina, los carros, los vestuarios, la pirotecnia, la música.

Regresar a Mazatlán, regresar a la esencia

Después de trabajar en proyectos de gran escala fuera de la ciudad, volver a Mazatlán y al carnaval tiene un significado especial. Es regresar a casa. A la raíz. A la fiesta que lo vio crecer.

Ocean agradece la confianza de la Presidenta de Mazatlán Estrella Palacios y el Instituto de Cultura y de quienes han hecho posible su permanencia en el carnaval. Pero su mirada va más allá: reconoce y homenajea a quienes han construido la estética de la fiesta durante décadas, especialmente en el vestuario y en los cortejos.

Cada carro alegórico es también un acto de memoria y respeto hacia quienes ya no están, hacia quienes siguen creando y hacia quienes vendrán.

Una invitación abierta a la fiesta

El mensaje final no es un cierre, sino una invitación.

Invitar a la gente a ver el desfile, a asistir a las coronaciones, a ser parte del carnaval. A mirar los carros no solo como estructuras monumentales, sino como relatos visuales nacidos del amor por Mazatlán. A conocer el trabajo detrás, las colaboraciones, los homenajes y las historias que se entretejen en cada escultura.