Doña Carmen, 90 Años, Vendedora de Panecillos y su Gran Amor a la Vida

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*Tiene 6 hijos, no le gusta que la mantengan
*Bromista, irradia ternura y don de gente

Si María Rivas con su discapacidad por nacer con osteogénesis, “huesos de cristal”, es ejemplo de vida, doña Carmen a sus 90 años merece el “premio nobel del amor a la vida”, al trabajo, independencia y don de gente. Esta es la historia de una mujer que le gusta reir y hasta hacer bromas.

Trabajando de toda la vida, ahora es vendedora ambulante y se instala a una cuadra del mercado Pino Suárez, sobre una de las aceras de la calle Aquiles Serdán, y se sienta en una bardita de una ventana. Vende panecillos variados de elote y gorditas de avena y de nata, orejitas, buñuelitos, suaves, chocolates y otras cosas a 25 y a 30 pesos la bolsita.

En la entrevista, con mucha vivacidad, lucidez de mente y brillo de amor en los ojos, dice: “Me quedé viuda con seis hijos y me dedique a trabajar, lo hago por necesidad y porque me gusta trabajar; trabajo para mí; tengo seis hijos, tres mujeres y tres varones, muy trabajadores, pero no me gusta que me mantengan. Voy a seguir trabajando hasta que Dios me de permiso”, subraya.

Dice que el pan que vende es hecho en casa, con ayuda de sus hijas.

Afirma que llega hasta su “espacio de venta” en pulmonía, que el trabajador del volante le ayuda con sus cosas y los inspectores de Oficialía Mayor la respetan, no le cobran derecho de piso, por ser adulta mayor.

Doña Carmen aprovecha este medio para mandar el mensaje a la gente que busquen la forma de vivir mejor, que trabajen y sean felices; y si andan por estas calles del centro de Mazatlán, vengan a probar mis panecillos sabrosos; ayuden a los viejitos…