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LAS BRUMAS DEL TIEMPO EN EL TEODORO MARISCAL.

Sáb, 01/13/2018 - 15:30 -- Admin

FRANCISCO CHIQUETE CRISTERNA

Derriban al viejo estadio Teodoro Mariscal; emergen los recuerdos de las vidas que cruzaron por sus gradas

Horas después que cayeron los Venados en Mexicali, empezó a caer el Teodoro Mariscal en Mazatlán. Las imágenes del internet fueron estremecedoras: maquinaria derribando las viejas gradas de cemento en que muchas generaciones de mazatlecos disfrutamos del béisbol.

Mi primer recuerdo del estadio se remonta a los cinco o seis años de edad, cuando acompañando a mi padre atravesé un verdadero bosque de árboles de mango antes de descubrir la mole de cemento, inmensa ante mis ojos

No recuerdo por supuesto ni a los rivales ni el resultado. En cambio se me grabó para siempre el momento en que alguien le habló a mi papá con gran familiaridad: -¿qué hubo Campero? ¿Qué hay mi Daniel? Y tras el saludo comentaron el partido, alguna reunión reciente y asuntos de los que no alcancé a enterarme porque estaba deslumbrado:

Tenía enfrente de mi a ¡nada menos que Daniel “La Coyota” Ríos! En esa etapa y años posteriores volví varias veces al estadio, por supuesto. Generalmente con mi padre y de día, porque del alumbrado en el campo sólo sabíamos por las narraciones de partidos en las grandes ligas.

Ahí vi jugar a Orestes “Mini” Miñoso, a Luis Tiant, a Tony Oliva, a la Malita Torres, Fernando Remes, el Toche Peláez, Elpidio El pillo Osuna, el Charolito Orta y tantas figuras locales, nacionales e internacionales que poblaban nuestras pláticas y nuestra afición deportiva. Y un día de esos el Campero me acercó a conocer a Daniel Ríos,

Con la década de los 70 llegaron las lámparas al estadio. Y también mi oportunidad de ser una parte modesta de ese mundillo. Un amigo de mi padre, de nombre Teodoro obtuvo la venta de cerveza durante los partidos, y ahí andaba yo de cubetero por las noches, mientras estudiaba secundaria en la Federal Guillermo Prieto, cuyo nuevo edificio estaba ahí, en la misma huerta de mangos.

Con mi cubeta por un lado pude ver cosas interesantes, que iban desde un modesto robo de home hasta la exhibición de bateo que una noche dio Hank Aaron en nuestro estadio, apenas unos

meses después de romper el récord de jonrones de Baby Ruth en grandes ligas. ¡Muchas pequeñas grandes cosas pasaron en el Teodoro Mariscal.

De sus butacas nos levantamos una amiga y yo para ir a la presentación de Gloria Gaynor en el Casino Mazatlán (hoy sede de la Universidad de Occidente). Ahí imprecábamos a los personajes públicos que buscaban aprovechar esa concentración de gente. Por cierto, el Teodoro Mariscal se convirtió en prueba de fuego para los políticos y también en sede de los eventos partidistas más trascendentes. Por ahí pasamos Ofelia y yo en algunos partidos de béisbol y otros eventos. No faltábamos a las coronaciones del carnaval. Uno no se da cuenta del paso del tiempo.

Poco reflexionamos acerca de la importancia que tienen los espacios públicos en las vidas personales. Uno pasa frente al estadio y la mayor parte del año piensa desdeñoso que”no hay béisbol ni hay nada”.

Un día fui yo quien llevó a mis hijos al estadio, Después yo me atravesé a las primeras filas para que la Mary viese la coronación infantil con sus artistas; y para que el Paco se tomara una foto con el Magic Johnson y con Ricardo Nájera, o para que disfrutara íntegro el campeonato de la Serie del Caribe 2005

Al ver a las máquinas echando abajo las gradas se desencadenaron los recuerdos. Las nuevas generaciones construirán los suyos en las nuevas estructuras, diseños y espacios, pero el Teodoro Mariscal se va, con todo y sus remodelaciones, con las historias de concesiones en las que nunca aparecieron los millones pretendidamente invertidos por los empresarios beneficiados.

Hoy ya no resuenan las voces del estadio anunciando los órdenes al bar y los infaltables anuncios, desde el entrañable “Güero” Jesús Sánchez Chiquete, hasta el más que popular Rubén Gómez Mariscal.

Aquí sí que como en las narraciones de Rafael Reyes Nájera -Kid Alto-, de Eduardo Valdez Vizcarra, de Óscar Herena, de José Ramón Flores: “El estadio se va, se va, se va...