La soledad de Malova

Nadie salió a defenderlo cuando en el

Congreso le rechazaron la cuenta pública

Por: Enrique Osorio

 

Nunca un hombre estuvo tan solo en medio de una muchedumbre que lo señala. Ese hombre es Mario López Valdez y esa muchedumbre ese el estado de Sinaloa.

Treinta y cinco diputados locales votaron por rechazar la cuenta pública del primer semestre del año pasado. Sólo tres se resistieron a condenarlo así, pero prefirieron hacer mutis, o sea que salieron por un lado para no reprobarlo y también para no defenderlo.

Temprano corrieron rumores sobre un encuentro clandestino entre el exgobernador, el ex secretario general Gerardo Vargas y diputados priístas, pero si ocurrió fue infructuosa.

En el Congreso había mucha gente, toda expectante, no del show de Roberto Cruz, no de las pedradas de la Morenista Merari Villegas, ni de los razonamientos de Víctor Corrales. Todos esperaban saber qué iba a hacer el PRI, si rescatarían a un gobernador que no fue suyo o si verdaderamente romperían con él.

Lo dijo Irma Tirado hablando por su bancada y lo dijo Pepe Menchaca cuando habló por la Comisión de Fiscalización, pero como Roberto Cruz hizo nacer un debate cuando todos estaban de acuerdo, nomás por pegarles a los tricolores, se siguió manteniendo la expectación. Carlos Montenegro subió para decirlo de nueva cuenta y ahí se terminó de escribir la historia.

Malova nunca estuvo tan solo. Los diputados del principal partido con que ganó la gubernatura estuvieron vehementemente en contra porque les urgía despintarse la cara del malovismo que los controló por seis años.

Sólo lo dejó el PRD, que también fue usufructuario de esa victoria. Sólo lo dejó el Güero Cruz, que fue su coordinador de asesores y su secretario de Desarrollo Económico. Sólo lo dejó Juan Pablo Yamuni, su coordinador de transparencia y rendición de cuentas (le decían de complacencia y bendición de cuentas) dijo que las cuentas estaban bien, pero que no votaría para no incurrir en conflicto de intereses. Aarón Rivas y Marcial Liparoli se tiraron a perder.

Malova le hizo su luchita con un alegato tardío de su secretario de Finanzas Armando Viillarreal, titulado “porqué debe aprobarse la cuenta pública, pero pocos lo leyeron, Más suerte tuvo su boletín declarándose amante de la transparencia y que solventaría las observaciones.

Solo hasta en las estadísticas, porque en Sinaloa a ningún otro gobernador o exgobernador le habían suspendido una cuenta, sólo a Malova. Decisión histórica, decían todos.

Cuentan los que “len”, que un poeta antiguo sentenció “qué solos se quedan los muertos” y en la política también.