EN LA GRILLA

*Momentos de agandalle en dependencias

*¿Lo de Zubía fue un favor del amigo Pepe?

*Hoy es el último grito de Mario López Valdez

FRANCISCO CHIQUETE

 

Si en algún lugar de la actual administración se ha advertido con claridad el enfrentamiento de las fuerzas internas, es la Secretaría de Educación Pública y Cultura, donde los cinco años del doctor Francisco Cuauhtémoc Frías Castro fueron un verdadero dolor de cabeza porque no mandaba ni en su oficina.

Se fue Frías Castro y aunque usted no lo crea, hoy los enfrentamientos son del secretario sustituto y el secretario general de gobierno. No es que Gómer Monárrez le ande jugando las contras a Gerardo Vargas Landeros. Simplemente no lo obedece porque ¿sabe usted? Están más cerca los intereses de dejar gente propia en puestos claves para burlar el cambio de sexenio.

Es posible que en otras dependencias haya movimientos de esta naturaleza, o intentos. Incluso se habla de un propósito escandaloso: basificar antes del momento de salida, a varios cientos de trabajadores que llegaron con el gobierno del cambio y que adorarían mantenerse dentro de la nómina.

Esta es una práctica muy común, no es que este gobierno agonizante esté innovando la conducta. Normalmente el gobierno que sale intenta proteger a aquellos colaboradores que incorporaron por encima de los términos contractuales (y a veces hasta legales). La diferencia hoy es que ningún gobierno pasado había entregado los bártulos en condiciones de tanta dificultad económica como las que se vienen.

Saque cuentas de lo que significa esa carga para la administración entrante, que por el contrario, necesitaría deshacerse del crecimiento de mil setecientos empleos generados en las áreas administrativas (burocracia pura), y no por insensibilidad o por diferencias políticas, sino simplemente por mera sobrevivencia, ante las dificultades económicas que se viven y las que se avecinan.

Pero el caso de la Sepyc, con que iniciamos este tema, puede ser también una equivocada estrategia para afianzar la continuidad a la que se aspira. Tener más directores o más funcionarios en los organismos descentralizados no necesariamente le va a dar fuerza para que lo consideren al momento de hacer el balance sobre los puestos y los aspirantes.

¿ES UN FAVORCITO

DEL GRAN AMIGO PEPE?

A todos tomó por sorpresa la renuncia del delegado de Sagarpa en Sinaloa, Rolando Zubía, quien tuvo una salida exprés del puesto que había venido desarrollando con corrección administrativa, y pellejo duro para enfrentar las inconformidades del principal problema de los agricultores sinaloenses, la falta de pago.

Era obvio que Zubía irse debía. El puesto se lo dio su amigo Jesús Aguilar Padilla cuando llegó a subsecretario, y Aguilar Padilla se fue de ese puesto hace meses, poco después que saliera Enrique Martínez y Martínez, así que el paso era natural.

La designación de Aguilar fue un baldazo de agua fría para el gobernador Mario López Valdez y su equipo. Repentinamente el villano favorito del sexenio se convirtió en interlocutor desde una de las atalayas más preciadas para Sinaloa: la Sagarpa. Y aunque ambos personajes cuidaron mucho las formas y se trataron con diplomacia y civilidad, el piquete ya estaba dado. Por si fuera poco, los aguilaristas se excedieron en el mal trato al gobernador, acaparando a Martínez y Martínez en reuniones privadas a las que el mandatario no era invitado.

Por eso cuando hubo cambio en la secretaría poco faltó para que se declarase fiesta oficial en el estado. Pepe es amigo, se exclamó con júbilo y luego se pronosticó que a Sinaloa le iría bien con él en la Secretaría.

Para el gobernador no era el secretario José Calzada Rovirosa, sino Pepe Calzada, su compañero de escaño senatorial, a quien un año convenció de que viniese a correr la maratón mazatleca, como hacía él en esos tiempos.

Pero Pepe no ha resuelto hasta el momento ninguno de los problemas fundamentales del campo sinaloense. Como hizo repetidamente Enrique Martínez y Martínez, ha anunciado que sí, que van a pagar a los productores. Y hasta eso que dice que sí y también dice cuándo, pero nomás dice. Y ahí anda Malova alentando a los productores para no perder la clientela, y luego calmándolos para que no hagan las manifestaciones de protesta porque el pago no llega.

Así, no es remoto que si no ha podido sacarlo de broncas, Pepe, el amigo Pepe, le esté resolviendo al gobernador ese pequeño pendiente que ya se estaba haciendo viejo. Por cierto que interinamente, se dijo, enviaron a un delegado que viene desde Campeche. A ver cuándo llega el definitivo.

¿UN GRITO CON ENJUNDIA O

CON MUCHO, MUCHO DRAMA?

Hoy a las once de la noche, el gobernador López Valdez da su sexto grito de Independencia. Es, como comentábamos recientemente, uno de los puntos más emotivos de la liturgia política mexicana. Encarnar al cura Hidalgo frente a una multitud dispuesta a corear los vivas a los héroes que nos dieron patria es siempre una gran satisfacción.

La primera y a veces la segunda oportunidad es el nerviosismo el que impera. A Malova el arranque lo encontró con todo el ímpetu de una victoria que se antojaba imposible, tanto por la dificultad de haber salido del que entonces era partido mayoritario (acababa de ganar por única vez los ocho distritos en la elección federal inmediata) y el rival era un verdadero trabuco. En esas condiciones, a él o a su equipo se les metió la idea de que el mundo y la historia eran suyos, de modo que salió a dar el grito con una bandera que traía inscrito su acrónimo, que tanto arrastre ha tenido. Pero no pasó un día sin que le hicieran ver públicamente que había violado la Ley de Símbolos Patrios, que prohíbe hacerle alteraciones al diseño oficial de la bandera, entre muchas otras cosas. Era la fuerza del poder.

En las demás ocasiones no han faltado detalles, pero ninguno de esa magnitud. Eso sí: la fiesta posterior a la ceremonia ha dado pie para que el gobernador satisfaga sus gustos personales, con la contratación de grupos musicales como los Tucanes de Tijuana y ahora Los Tigres del Norte, emblemáticos y precursores de la narcomúsica a la que el gobierno de Malova ha buscado combatir, hasta ahora con nulo éxito.

A querer y no, en el sexto grito llega la emoción de las despedidas. Es un equivalente a las golondrinas, porque ya no hay un evento del calendario cívico oficial que le dé el espacio central. Antes estaba el informe, pero ya lo tienen que entregar por escrito, y hasta las ceremonias alternas son mal vistas. Ver pasar el desfile del 16 de septiembre o del 20 de Noviembre se parece mucho a encabezar eventos normales, y en la toma de protesta del nuevo ya no genera sino lástima o solidaridad de los colaboradores que no se pudieron colar.

Pero eso es que en el tono, en el desgarre de la voz, el grito de Independencia del sexto año termina en drama, sobre todo cuando el apego al poder es grande.

SE CAYÓ PARA ARRIBA

Tomás Zerón de Lucio era director de la Agencia de Investigación Criminal (nuestro FBI de petate), como ofrenda del gobierno para tener una conmemoración tranquila por el segundo aniversario de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapan. Después que cayó Jesús Murillo Karam con su verdad histórica, Zerón se convirtió en la bestia negra del caso, acusado de haber sembrado esqueletos para justificar la versión oficial de la desaparición.

Ya la vocería de los padres de familia dijo que la decisión se tomó tardíamente, lo que confirma la sospecha generalizada de que no le serviría al gobierno de México para mejorar su imagen ante el caso que tanto le ha costado.

Pero encima de eso resulta que al señor Zerón, apenas unas pocoas horas después de su despido disfrazado de renuncia, lo designan secretario del Consejo Nacional de Seguridad, “en reconocimiento a su labor”. Que se preparen, porque la avalancha va a seguir.